La imagen que muchos tuvieron de Mons. Parrilla fue la del osado defensor de la doctrina social católica, ardiente exponente de la independencia política de la Isla, como corolario de la aplicación de esa doctrina.  Pero, ¿santo?  No faltó quien lo apuntase en las filas de Satanás.  De su vida íntima, espiritual, sus 2 meses de Ejercicios Espirituales de San Ignacio, sus días de retiro mensual que cumplía como un novicio, pocos saben.  Y menos de un voto de víctima, que fue la oblación sacrificada al Corazón de Cristo, que el Espíritu le inspiró. Solo su director espiritual podría hablar de ello. ¿Y quién fue?

Este es el voto de víctima que se encontró entre sus papeles y del que casi nadie, o nadie, sabía:

“Según lo hice delante de Dios por primera vez el 15 de agosto de 1965, reiterado muchas veces y enmendado el 15 de septiembre de 1967 y el 12 de diciembre de 1968 para añadirle los elementos de perpetuidad y gravedad:

Delante de Dios y por moción inconfundible del Espiritu Santo, solemnemente hago el Voto de Víctima y me obligo en la forma siguiente:

1.  Aceptar y nunca rehusar deliberada y voluntariamente cualquier sacrificio grande o pequeño, espiritual o físico – bien sean arideces o desconsuelos en la oración; como dolores o enfermedades; calumnias o maledicencias; o trabajo arduo o inactividad…, que se me ofrezcan en la vida;

a) Siempre que sea clara la voluntad de Dios en estas u otras materias, como será cuando vengan de Él mismo directamente, de mis superiores, o de los hombres, queridas o permitidas por Él;

b) Entendiéndose que todo esto no obsta en el uso de la prudencia, pudiéndose razonablemente tomar precauciones para evitar posibles males, tales como accidentes, o para evitar males a otros;

c) De modo que cometería falta grave si rehusara algún sacrificio que tuviera beneficiosos resultados, o fuera medio de evitar algún mal;

d) Y leve si no hubiera deliberación y voluntad plena, o la materia que contempla el voto fuera de menor importancia.

2.  Hago voto además de nunca arrepentirme o sentir haber hecho el voto de víctima, deliberada y voluntariamente, no importando las consecuencias que éste pueda traerme por haberlo así contraído;

a) De modo que cometería falta grave si me arrepintiera o sintiera haberlo hecho, o en alguna forma tratara de cancelarlo con voluntad deliberada;

b) Y leve si falta esto último.

3.  Hago este voto perpetuo para:

a) Ejecutar todas mis acciones, hasta las más ordinarias, a la manera de Jesús víctima;

b) Ser pronto en la aceptación de cualquier sacrificio;

c) Considerarme consagrado a Dios para satisfacer, tanto cuanto de mi dependa, por las ofensas cometidas contra Él.

Él12 de diciembre de 1968, Casa Manresa Altagracia, Santo Domingo, R.D.

Río Piedras, P.R.  a 30 de junio de 1970”.

Queda uno maravillado de la fuerza del Espíritu sobre la persona que así se compromete.  Tal vez esto ayude a comprender situaciones de la vida de este Obispo, y por qué alguno comentaba “tiene que ser santo”.

(P. Jorge Ambert SJ)

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