P. Miguel A. García Acevedo, C.Ss.R. 1945 – 2017

Amado hermano, hoy te recordamos y extrañamos como aquel 23 de marzo de 2017 cuando partiste a la Casa del Padre, nuestro amor y sentimiento por ti son los mismos. Es difícil creer que han pasado 2 años, sin embargo, que fácil recordar todos los hermosos momentos que pasamos juntos.

No cabe duda, que la fortaleza de nuestro Padre Dios y tu bendición desde las moradas celestiales, nos consuelan y animan a continuar caminando en la dirección correcta; convencidos que nos reencontraremos y celebraremos en la presencia de Cristo Redentor. No obstante, en nuestra fragilidad humana, te echamos tanto de menos y te extrañamos todos los días, aunque vives eternamente en nuestros corazones.

Miguel, extrañamos tu ejemplo, tu entrega y tu gran amor para con nosotros, tus visitas a nuestro hogar, ¡cuánta alegría! Extrañamos tus llamadas telefónicas en las mañanas, ¡cuán importante fue siempre nuestra madre y la familia! Extrañamos todos los detalles que tenías para con nosotros, igual que lo hacías con tus hermanos en las diferentes comunidades que trabajaste. Cómo extrañamos tus hermosas y edificantes prédicas, cómo te entregabas y nos exigía cuando íbamos de misión. Anunciabas la Buena Nueva con autoridad e igualmente denunciabas; a la verdad que fuiste un fiel y apasionado del Proyecto de Dios. Por eso, tanta gente te amaba y siguen amándote, pero para otros resultabas un reto. Extrañamos el compartir familiar donde todos aportábamos, pero disfrutabas, sobremanera, sentarnos a dialogar, muy importante para ti. Se podía discrepar con mucho respeto.

Así eras, Miguel, por lo que nos sentimos sumamente orgullosos de ti, por tu entrega, valentía, verticalidad, pasión por tu vocación y muy solidario, sobre todo con los de abajo, los más necesitados, excluidos y marginados. Y, ¿por qué no?, extrañamos tus regaños, siempre dándonos seguimiento para que cuidáramos de nuestra salud, importante todo lo que iba en favor de la vida, ese gran regalo de Dios que había que atesorarlo. No quería vernos preocupados, sino ocupados en todo lo que podíamos y debíamos realizar. A esta tu hermana, quien junto a mi esposo Conti, pasábamos mucho tiempo contigo en la labor pastoral, cuánto me regañabas cuando llegábamos donde ti con los “gustitos” que te había preparado. No querías verme muy ocupada en la cocina, que tenía que aquietarme y pensar más en mí, ¡cuán grande era y es nuestro amor!

Amado Miguel, además de excelente hijo, hermano, tío, amigo, mentor, confesor, fuiste un gran maestro en nuestra formación como MLR. Que podamos seguir tus huellas, ese hermoso legado que vivirá en nosotros, como lo vives tú en nuestros corazones.
¡Te amaremos eternamente, Miguel!

Luz M. García, MLR
Angel E. Conti, MLR y familia
Para El Visitante

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