María Teresa Martínez Torres, conocida en su natal Aibonito como Matera, nació en 1916 y fue bautizada en 1918. A solo unos meses de cumplir 103 años, la mujer de fe y superación abrió las puertas de su hogar para compartir sus memorias con El Visitante. Es la tercera de 7 hermanos, la única que sobrevive. Por ello heredó a sus sobrinos como si fueran sus hijos. Con elegancia y grandes ojos azules explicó que nunca se casó, “no por falta de pretendientes”.

Matera es vecina de la iglesia San José de Aibonito. Su casa de corte antiguo, perteneció al maestro de obras español que construyó la actual iglesia justo al lado. Él se la vendió al primer panadero de Aibonito, y este a los padres de Rubén Berríos (su sobrino) que cuando migraron al área metropolitana se la vendieron a ella.

Huracán San Felipe
Recuerda al huracán San Felipe cuando Doble Feo, el señor que se encargaba de anunciar las noticias y las tormentas avisó del temporal. “Cuando llegó, aquello fue un desastre. Casi todas las viviendas eran de zinc. Fue desastroso”, manifestó.

La memoria de Matera desafía el tiempo al recordar los nombres de maestros de grados elementales y universitarios. Sus grados primarios los hizo en Aibonito. Sus estudios superiores en la Central High donde las clases eran en inglés. Después fue a la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. “Era una jibarita de aquí -Aibonito- que salió a estudiar. Pero como decían, era un gusano de biblioteca”, comentó Matera.

Fue en el recinto universitario que ganó su característico nombre. Frecuentaba la biblioteca donde trabajaba una María Teresa: “Cuando firmé en la lista, ella se dio cuenta que éramos tocayas. Como a ella la llamaban Matera los muchachos me bautizaron Matera” y desde entonces la llaman así. Solo algunos se confunden un poco y me llaman madera, pero es Matera”, relató de buen humor.

Igualmente, dijo que fue Mr. Higgins, uno de sus profesores el que le recomendó que siguiera estudiando inglés. Como parte de su práctica la enviaron a sustituir a una maestra, ese día sin avisar llegó el Decano de Educación, que elogió su desempeño y sin haberse graduado todavía la envió a dar clases de inglés a Guánica.
Poco a poco, sus superiores la recomendaban para otras funciones. Por eso trabajó en Guayama y Aibonito. Posteriormente, surgió la oportunidad de ser supervisora de inglés. Desde ese cargo laboró en Aibonito, Cayey, Cidra y de ahí a todo P.R. Siendo supervisora de zona la becaron para estudiar en la Universidad de Columbia de Nueva York del 1946 al 48.

Como tenía que viajar mucho de un pueblo a otro en su faceta como supervisora, aprendió a guiar en 1952. Dedicó parte de su vida a enseñar en la Universidad Interamericana de Barranquitas y en 1979 se retiró de las aulas.

Fe en Aibonito
Si alguien puede hablar de la fe en Aibonito es Matera. Detalló que: “La fe ha cambiado mucho y sigue cambiando. Durante las procesiones de Viernes Santo se inundaba el pueblo. También muchos se han ido a afuera -EE.UU.- y otros se han cambiado a otras religiones”. No obstante, detalló que Aibonito es un pueblo de mucha fe.

Cardenal: ‘¿Matera que te pasó?’
Entre sus memorias recuerda al Padre Llamas, Padre Vélez, además, de Mons. Grovas y demás Obispos de la Diócesis de Caguas. “En aquella época el Obispo venía una vez al año, era una fiesta grande. Ahora no, ahora viene a cada rato”, dijo. Sobre el actual Obispo Mons. Eusebio sostuvo: “Mons. Eusebio es hijo mío, el hijo que no tuve”.
Con el Cardenal Aponte, que fue párroco de la iglesia de Aibonito y que describió como un amigo de la familia, tiene una anécdota jocosa. “Nunca he usado pantalones afuera como en este tiempo es normal. Un día estaba en la casa en los quehaceres en pantalones hasta la rodilla y salí al balcón y vi al Cardenal saliendo y me metí para adentro corriendo. Al minuto el Cardenal me llama por teléfono y me pregunta: ‘¿Matera que te pasó?’. Le dije ‘nada Padre que estaba en pantalones’. Lo quería mucho. Como era Martínez te fijas, podía ser que fuera pariente”.

Tía de Rubén Berríos
Por otro lado, algunos la conocen como la tía de Rubén Berríos, sobre esto entre rizas dijo: “Como soy la única tía que le quedo, pues. Soy tía de él y él es sobrino mío”. Como es tradición familiar, Rubén junto con los demás sobrinos y sobrinos nietos la visitan con frecuencia. Lo cierto es que como cuenta Matera, su familia desde siempre ha sido una familia devota.

Secreto para llegar a los 100…
¿Cuál es el secreto? “Vivir en paz y con alegría. Pido a Dios por toda mi familia y todos los que conozco, eso me satisface mucho. Tener fe en Dios”. Así respondió Matera que suele tener un ánimo avasallador y un humor que contagia. Y aceptó que está un buen rato recordando nombres y nombres de familia y conocidos en sus rezos.
¿Se siente sola? “Una vez le dije al Padre: ‘Yo soy la vecina de al lado. Me preguntó: ‘¿Con quién vive?’. Le dije: ‘Con Dios’. No, no estoy sola nunca. Me pongo a rezar. Nunca me he quejado de soledad. Antes tenía mis tejidos, ahora no puedo tejer, no puedo leer, ahora rezo mucho”, respondió.

Uno de los secretos de Matera es que es 100 % devota del Sagrado Corazón de Jesús. “Todo lo consulto con el Corazón de Jesús. Ayúdame a esto, guíame en esto y siempre me ha ayudado. Sigo con Él hasta el final”, aceptó.

Entre declamaciones de poemas, recuerdos, devociones y amor familiar la vecina de la iglesia de Aibonito es sin duda alguna una mujer de fe que luchó incansablemente ante las pruebas que se le presentaron.

EILL

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