A más de un mes de la embestida del huracán María por el archipiélago boricua, la situación está lejos de llegar a la normalidad. Así lo explicó el vicario de Emergencia, P. Carlos Collazo Santiago. Describió la acción de la Iglesia como una encomiable y pro activa en momentos donde el agua potable y suministros, elementos vitales, escasean en los establecimientos comerciales. La Diócesis cuenta con 43 parroquias en los pueblos del litoral sur de Puerto Rico desde Patillas a Guánica incluyendo varios pueblos montañosos. Todos fueron afectados por el temporal, unos más que otros por la cercanía a la trayectoria del vórtice como es el caso de Patillas, Arroyo, Salinas y Guayama. Por lo que el área sureste y las áreas montañosas recibieron la peor parte. La prioridad es la gente, especialmente los que lo perdieron todo y los de la tercera edad.

Aunque aceptó que en las zonas urbanas de Ponce y pueblos cercanos llegó la energía eléctrica, la realidad fuera de la ciudad y el pueblo es otra. En el caso de Jayuya y Adjuntas la comunicación es nula, no hay servicio de agua potable y en los comercios no hay suministros disponibles. A causa de esto, las familias están obligadas a movilizarse en búsqueda de víveres por las carreteras aún maltrechas de la montaña, detalló. “En definitiva, diría que las poblaciones más afectadas han sido en nuestros pueblos y sectores de la montaña y en el sureste de la Diócesis”, dijo P. Carlos Collazo. Aunque el panorama se repite en la inmensa mayoría de las zonas montañosas como es el caso de la Misión Noel entre Villalba y Orocovis y pueblos como Yauco, Patillas, Coamo y hasta el mismo Ponce.

La realidad en el pueblo de Salinas, donde el presbítero ejerce su ministerio, al menos mil personas perdieron sus hogares de manera parcial o total, en su mayoría casas de madera o estructuras con techo de zinc. “Las personas ante la pérdida no han perdido la esperanza

Se han unido a la Iglesia asistiendo y poniéndose a la disposición. Los sacerdotes, diáconos y otros agentes de pastoral han hecho una labor encomiable ayudando, acompañando, visitando refugios, égidas, comunidades incomunicadas, buscando ayudas para distribuirla”, sostuvo el Vicario de Emergencia.

Esto porque las 43 parroquias se han convertido en centros de acopio y servicio. Se les está sirviendo a los damnificados católicos y no católicos. Sobre el espíritu de caridad que impera, sostuvo que “la gente ha sido solidaria dentro de las dificultades están compartiendo lo poco que tienen”. Además, explicó que, dada las circunstancias, en la medida de lo posible, cada parroquia ha organizado un comité de emergencia para visitar e identificar necesidades. Explicó: “Cuando llega la ayuda de Cáritas de Puerto Rico así podemos ser efectivos y podemos entregarla a la gente que necesita”.

La Iglesia está unida a nivel nacional, las seis Diócesis están entrelazadas especialmente para hacer llegar la ayuda que llega de Caridades Católicas de EE.UU. (Catholic Charities of US), otros Cáritas internacionales y Diócesis de los EE.UU. Indicó que Cáritas PR y los delegados y vicarios nombrados para manejar la emergencia de cada Diócesis están en constante comunicación. “Toda la ayuda que están recibiendo Cáritas PR se distribuye entre las seis Diócesis. Estamos bien unidos, esto es un proyecto nacional. Cáritas contrató una compañía de transporte y lo que llega se envía a los centros de acopio diocesanos y de allí se se distribuye a las parroquias para que estas distribuyan las ayudas”, dijo P. Carlos precisamente durante el trayecto de camino al centro de distribución diocesano donde acababa de llegar agua potable.

Las mayores necesidades son: agua potable, alimentos no perecederos, leche de formula, pañales para niño y adultos, ropa para niño y adulto, tabletas para purificar agua y artículos de primera necesidad. No existe un donativo pequeño ante la necesidad. Según explicó P. Carlos, cuando celebró misa en el refugio esas primeras dos semanas “lo que necesitaban era pañales para adulto y bebidas nutricionales”.

Para las personas, comercios o familiares que viven en EE.UU. que desean hacer su aportación, la Diócesis ha abierto una cuenta donde se recibe ayuda monetaria para diligenciarla a los más afectados en el Banco Santander de Puerto Rico: Diócesis de Ponce, Fondo de Desastre, núm. 3004894285.

“Exhorto al pueblo santo de Dios que peregrina en nuestras 43 parroquias de la Diócesis de Ponce que hay que animarnos unos a los otros, permanecer firmes en la fe y perseverar en la esperanza. Estamos viviendo un duelo con pérdidas grandísimas y hay que cuidarse de no caer en el pesimismo que nos va a hundir más. Hay que construir y ser constrictivo. No hay mejor que un día después del otro. Con la fuerza y ayuda de Dios esto va a pasar y vamos a reconstruir la patria, nuestros hogares y vamos a mirar al futuro. Hay un mañana mejor que nos espera. El Señor está con nosotros y nos acompaña en esta tribulación”, concluyó el Vicario de Emergencia.

Los bienhechores que deseen hacer alguna entrega de agua, comida no perecedera, artículos de primera necesidad o donativos monetarios pueden comunicarse con el Vicario de Emergencia, el Obispado de Ponce o directamente con la parroquia para diligenciar los mismos. También pueden ir al Banco Santander de P.R. y hacer su donación a nombre de Diócesis de Ponce / Fondos de desastres, cuenta # 3004894285, ruta y tránsito 021502341. El número de la Vicaría de Emergencia de la Diócesis es 787-453-1391(collazo25@aol.com).

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here