Cuando se menciona a Gaudí las imágenes que surgen son la impresionante iglesia de la Sagrada Familia, Casa Milà o el emblemático Parque Güell en Barcelona (España). Pero este arquitecto modernista con siete obras reconocidas por la UNESCO como patrimonio de la humanidad fue un hombre de profunda fe, devoción y virtudes. En la coyuntura de dos presentaciones realizadas en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, el arquitecto José Manuel Almuzara, presidente de la Organización Pro-beatificación de Antoni Gaudí, habló con El Visitante acerca de este arquitecto y hombre de fe barcelonés.

“Pienso que hay muchas definiciones sobre Gaudí, el arquitecto ingenioso, como visionario. A mí me gusta la definición que expuso -el hoy Papa emérito- Benedicto XVI en la Sagrada Familia (2010) en pocas palabras: arquitecto genial y cristiano consecuente”, reflexionó Almuzara sobre la figura de Gaudí.

Explicó que Gaudí era un hombre normal que nace en una familia artesanal; que estudió, tuvo dificultades, enfermedades y disfrutaba de la filosofía, la literatura y la música. También, experimentó un crecimiento espiritual que fue de menor a mayor. Sobre la obra maestra de Gaudí, la Sagrada Familia, comentó que su entrada a la iglesia que construiría en 1883 probablemente cambió su vida porque le dedicó más de 40 años.

El estilo de este arquitecto reconocido por el mundo fue muy variado. “En aquellos años superó y utilizó de otra forma el gótico, utilizó también parte del barroco. Un hombre que disfrutaba haciendo su trabajo con sus virtudes y defectos como todo ser humano que luchaba contra los mismos y que siempre también tuvo la máxima en su vida, que era de sumar”, mencionó el especialista.

La realidad es que el arquitecto estaba íntimamente ligado al hombre de fe porque Gaudí se sentía colaborador en la creación. “Él decía que la creación continúa incesantemente y se sentía un colaborador de esa creación de Dios; él no creaba nada, sino que la creación ya estaba ahí. Simplemente de su observación, de su estudio de la naturaleza que aplicó a su arquitectura”, reveló José Manuel Almuzara.

Es que la atracción por las obras de Gaudí rompe las barreras religiosas o culturales. El público que visita Barcelona es católico, musulmán o ateo, es de origen europeo nórdico, hindú o de Oceanía, solo por mencionar algunos ejemplos. Esto es una “llamada especial” de esa arquitectura y muchos no saben explicar por qué se sienten atraídos y, como dice el arquitecto Almuzara, “quizás porque la naturaleza es algo que gusta a todos, seamos religiosos o no seamos religiosos, seamos de un partido o de otro. Con la naturaleza convivimos, y ella fue maestra de Gaudí”.

Almuzara fue un poco más allá al especificar que para Antoni Gaudí la línea recta en sí misma no es bella, pero la línea recta en movimiento genera formas curvas, formas alabeadas que son el paraboloide, el hiperboloide, el coloide. Para Gaudí la línea recta es el hombre y la curva es Dios, es decir, “en tu movimiento dentro de tu libertad, si te mueves puedes generar belleza y puedes llegar a Dios”. Este principio Gaudí lo utilizó en todas sus obras, no solo o exclusivamente en las de corte religioso. De hecho, Gaudí catequizó con su arquitectura.

Sobre el proceso de la causa, indicó que se encuentra en la Congregación para la Causa de los Santos, en la fase de la elaboración y culminación de la Positio que se compone de varios estudios y testimonios.

Para culminar, en un mensaje dirigido a los arquitectos, Almuzara se dirigió a lo sencillo, a lo esencial. Detalló que su conferencia inicia con la imagen de una vitrina para guantes de 1878 y acaba con una lámpara de 1926. El primer trabajo importante de Gaudí fue una vitrina de guantes por la que conoció a Güellen París (quien luego encargaría 3 de sus 7 obras magistrales) y el último es una lámpara que hacía cuando se iba el 7 de junio a San Felipe a rezar por las tardes. Días antes de su muerte le dijo a su ayudante y amigo Vicente, “ven mañana temprano que haremos cosas muy bonitas” y construyó la lámpara.

El presidente de la Organización Pro-beatificación llamó a los arquitectos a observar el ejemplo de este siervo de Dios, un hombre íntegro que fue consecuente con la fe y la arquitectura. “Gaudí tenía genio y exigía mucho pero siempre desde la humildad porque decía que el trabajo es fruto de la colaboración y tiene que basarse en el amor”, finalizó.

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