En la coyuntura del Año de la Vida Consagrada, las Hermanas Misioneras del Buen Pastor, primera congregación nativa, celebraron el pasado sábado 15 de agosto en su convento en Guaynabo, la primera profesión de votos y profesión perpetua de las Hermanas Noemí Ortiz Ocasio y Widalys Meléndez Torres, respectivamente.

Varios cientos de personas entre amigos, familiares, religiosas y presbíteros, se dieron cita para presenciar la celebración. Al filo de las 10:40 de la mañana inició la Santa Misa presidida por Monseñor Roberto O. González Nieves, Arzobispo de San Juan, concelebrada por Fray Yamil Samalot, Padre Rodolfo Lamas, sacerdotes y diáconos. El coro de la Parroquia San Pedro Apóstol de Caguas estuvo a cargo de los cánticos junto con el cuatrista Pedrito Guzmán.

Tras la lectura del Evangelio, Monseñor Roberto procedió con la llamada de las Hermanas Noemí y Widalys. A quienes cuestionó: “¿Qué piden al Señor y a su Iglesia?”. Mientras respondieron: “La misericordia del Señor y la gracia de vivir su Evangelio con mayor radicalidad como miembro de esta Comunidad de Hermanas Misioneras del Buen Pastor”.
Durante la homilía a cargo de Fray Yamil, este comparó a las Hermanas con María en el Magníficat porque “lo que pasa en ellas es una riqueza para todo el pueblo. Es una riqueza, es una gracia grande para toda la Iglesia puertorriqueña y del Caribe”.

Señaló que a través del voto de la castidad, entregarán todo su corazón y afecto al Señor para decirle: “Ahora mi corazón no va a estar centrado en mi misma”. Mediante el voto de obediencia indicó que tratarán de vivir sin imponer su voluntad ni pisar al otro para sobresalir. Mientras, con el voto de pobreza dirán a Dios y a su pueblo que tratarán de no poseer nada para ellas. De modo que aquellos que no tengan nada puedan comer.

“Fíjate qué atrevidas son estas dos mujeres que se atreven en pleno siglo 21, dos mujeres profesionales que podrían estar haciendo cualquier otra cosa con mucho éxito en esta sociedad. Ellas quieren -porque han sentido ese llamado de Dios al que han respondido- vivir el Magníficat. Vivir esa profecía que dice María en ese canto llena del Espíritu Santo”, expresó.

Fray Yamil culminó con la bendición a las Hnas. Noemí y Widalys, y les exhortó a ser “unas maravillosas Misioneras del Buen Pastor para la Iglesia”.

Luego, se procedió con el rito de profesión para el que se llamó a la Hna. Noemí junto con la Hna. Nancy Negrón, superiora general, para leer y firmar la fórmula de votos en la que se consagró por 3 años. La Superiora General acogió su profesión religiosa e hizo entrega del logo de la Congregación.

Asimismo, para hacer su profesión perpetua se llamó a la Hna. Widalys, quien subió al presbiterio y se colocó de rodillas. Después de la oración del celebrante, Fray Yamil entonó las letanías. Tras leer y firmar la fórmula de votos, y recibir la acogida de la Superiora, la religiosa se postró nuevamente para recibir la bendición solemne y el anillo de parte del Arzobispo. Las Hermanas entonaron al unísono el himno de la Congregación para dar la acogida a las profesas.

Por su parte, la Hna. Widalys extendió unas palabras para agradecer a familiares, amigos y allegados por el apoyo recibido durante su proceso.

En su mensaje dijo: “Me alegra el olor a esperanza y alegría que se siente en este lugar. […] Le agradezco muchísimo al Señor por llamarme, por consagrarme para Él y de manera especial para vivirlo desde este carisma de las Hermanas Misioneras del Buen Pastor”.

“He visto que el amor de Dios para conmigo ha sido exagerado, extremo, excesivo, un amor tan grande que me lleva a la libertad. Tomando las palabras de la periodista Lilliam Irizarry: ‘Que el rostro íntimo de Dios nos acompañe siempre’. Amén”, puntualizó.

La celebración eucarística culminó con las felicitaciones tanto de P. Rodolfo, párroco de la Parroquia Divino Niño Jesús en Guaynabo a la que asisten las Hermanas, como de Mons. Roberto.
De otro lado, sobre lo que representa su primera profesión de votos, la Hna. Noemí expresó a El Visitante sentirse sumamente feliz: “Este momento para mí es bien importante porque siento que es el Señor que me llama y que ha sido el Señor quien ha dado este espacio para reafirmar que mi vocación le pertenece a Él”.

Asimismo, era evidente la emoción que reflejaban los rostros de los padres de ambas profesas. Para Gladys y Wilberto, la confesión de la vocación religiosa de parte de su hija Widalys no fue una sorpresa. Según dijeron: “Lo sabíamos ya, de primer instante hubo un poco de duda pero esa es su vocación”. Razón por la que afirmaron apoyar fervientemente su decisión de consagrarse a Dios.

Por su parte, doña Carmen, madre de Noemí aseguró que: “El Creador ha sido grande y maravilloso con nosotros. En este día más todavía porque nos ha regalado esa bendición de la consagración de nuestra hija”.

Mientras que don Luis manifestó que: “Como padre le doy gracias a Dios primeramente, sobre todo porque eligió uno de los frutos de seis (hijos) para Su servicio. Como padre la admiro mucho porque quizás puedo aprender mucho de ella”.

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