“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Mt. 28, 20.

A: Sacerdotes, diáconos, vida consagrada y fieles en general

De: Roberto Octavio González Nieves, ofm, Arzobispo Metropolitano de San Juan, Rubén Antonio González Medina, cmf, Obispo de Ponce, Eusebio Ramos Morales, Obispo de Caguas y Administrador de la Diócesis Fajardo-Humacao, y Alberto Figueroa Morales, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Juan

Fecha: 15 de marzo de 2020

ASUNTO: NUEVAS DIRECTRICES EN RELACIÓN CON EL COVID-19

Conscientes de nuestra responsabilidad como pastores y a raíz del Boletín Administrativo Núm. OE-2020-023 en forma de Orden Ejecutiva que prohíbe toda actividad pública desde hoy hasta el 30 de marzo de 2020,

DECRETAMOS:

Las celebraciones eucarísticas se realizarán privadamente por el sacerdote, y los feligreses podrán participar activamente de manera remota es decir virtualmente. Desde hoy, III Domingo de Cuaresma, quedan suspendidas todas las celebraciones públicas de la Eucaristía con la participación de los fieles, también la dominical. Los sacerdotes han de celebrar diariamente la Misa ofrecida por todos los enfermos y por quienes los atienden. Todos los fieles quedan dispensados del precepto dominical mientras dure la grave crisis del coronavirus. Les invitamos a que reunidos en familia sigan la celebración de la Eucaristía por los medios de comunicación social.

Lamentamos vernos obligados a cerrar los templos por el bien común, le recordamos a cada familia la importancia de potenciar aún más su misión como iglesia doméstica. Les exhortamos a que en cada hogar se celebren momentos intensos de oración a través de la lectura orante de la Palabra, el rezo del santo rosario, el rezo del vía crucis, otras devociones y el disfrute de la convivencia familiar.

Vemos la urgencia de suspender todas las actividades pastorales y parroquiales tales como: retiros, vía crucis, peregrinaciones, ensayos, conferencias, misiones, cursos, talleres, catequesis, reuniones parroquiales, de movimientos, así como cualquier evento que propicie la reunión de fieles en el mismo lugar. El virus necesita que haya movimiento de personas para poder sobrevivir.

La atención pastoral inmediata se realizará de manera remota. Se establecerá un sistema de comunicación entre los miembros de las comunidades para conocer y acompañar a los feligreses en el transcurso de la emergencia. De tener que visitar a un enfermo grave, deberá tomar las medidas preventivas apropiadas.

Dada la crisis que estamos viviendo, y en beneficio de la salud de los propios enfermos, motivamos a que se realice la comunión espiritual en lo pasa este estado de emergencia. Si algún agente de pastoral se ve en la obligación de visitar un hospital o funeraria, debe seguir estrictamente el protocolo establecido por las instituciones.

En todos los demás sacramentos vivamos con la prudencia pastoral, siempre en acompañamiento espiritual con los fieles, y propongamos, cuando sea posible, celebrarlos más adelante. Excepto consideración al sacramento de la unción de los enfermos, a discreción del sacerdote, tomando las medidas apropiadas.

Con relación a las celebraciones de la Semana Santa, el 30 de marzo se emitirán las directrices pertinentes.

El COVID-19 (nuevo coronavirus) es un virus que causa enfermedad respiratoria. Su situación es una muy dinámica y bajo evolución. Actualmente, es una seria amenaza a la salud pública. El virus se encuentra propagándose a nivel mundial con casos reportados en los Estados Unidos y Puerto Rico. Las estrategias generales provistas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) que recomiendan para evitar la propagación del COVID-19 en las organizaciones comunitarias de fe, son las mismas acciones preventivas que con otros virus respiratorios como la influenza.

Sin embargo, todos somos susceptibles a este virus que por primera vez circula en nuestras comunidades y tenemos la capacidad de transmitirle a otros aún cuando presentemos sintomatología leve. Se han identificado grupo poblacionales que tienen mayor probabilidad de complicaciones, incluyendo adultos mayores (60 años o más) o con algunas condiciones crónicas (hipertensión, diabetes, enfermedad respiratoria, entre otras). Para proteger nuestras comunidades, todos debemos promover acciones saludables.

A nivel individual, no debemos saludarnos físicamente sino simbólicamente y con reverencia, por ejemplo con el saludo japonés; nos toca el lavado frecuente de manos con agua y jabón por 20 segundos, evitar conglomerados de personas, buena higiene respiratoria (al toser o estornudar cubrir con el codo u hombro). Esta situación requiere tomar acciones preventivas en distintos niveles. La Iglesia ya ha adoptado recomendaciones similares en otras diócesis del mundo.

Recordamos a todos los cristianos y cristianas que la Cuaresma es un tiempo oportuno para intensificar la oración. Pedimos al Señor, por la intercesión de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, que de consuelo al que sufre, termine con esta pandemia, e infunda en todos nosotros y nosotras el bálsamo de su amor, paz y misericordia para que seamos librados de lo peor de esta enfermedad.

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