El pasado domingo, 13 de agosto en una Catedral que resultó pequeña, los Catequistas se pusieron en marcha y celebraron comunitariamente junto a Mons. Daniel Fernández Torres, Obispo de Arecibo, la grandeza y la belleza de la vocación del catequista.

Luego de la Hora Santa, todos los catequistas, con velas encendidas y en respuesta al llamado del Señor, se comprometieron a colaborar con Jesús Maestro en la construcción del Reino de Dios llevando el mensaje de salvación a los catequizados de nuestra Diócesis. Asumieron con alegría y compromiso la misión que Jesús y nuestra Iglesia les confían.

Los catequistas fueron enviados por Mons. Daniel a educar en la fe y a iniciar a la plenitud de la vida cristiana (CT18); a los niños ofrecerles “una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana” (CT36) y a revelarle a los adolescentes a Jesucristo “como amigo, como guía y modelo admirable y así imitable” (CT38).

Los Catequistas constituyen un gran regalo de Dios para cada una de nuestras Parroquias y sus Capillas.

A continuación un resumen de la reflexión por el matrimonio David Cortés y su esposa Mirelys Nieves del Movimiento Familia de Jesús.

En nuestras manos está la decisión de a quién servimos. Le servimos al hombre o le servimos a Dios, le servimos al mundo o le servimos a Dios, le servimos a los afanes del mundo o le servimos a Dios. Nuestra prioridad debe ser que Dios sea el centro de nuestras vidas y servirle en todo momento. Desde siempre Dios pensó en la familia y vio al hombre y la mujer viviendo en familia y por esto nos regaló la Sagrada Familia para que nosotros, con su ejemplo, busquemos vivir la santidad en familia y construyamos nuestro hogar sobre la roca que es Jesucristo. Dice la Palabra en el Salmo 127 que en vano se afanan los constructores si Dios no construye la casa. En vano nos afanamos nosotros la familia en los estudios, en el trabajo, en querer tener más y más, si en realidad lo que vale es que el Señor construya nuestra casa. La Sagrada Familia tiene muchas virtudes que podemos imitar pero sobresalen la fe y la obediencia que son unas de las cualidades más hermosas que ellos vivieron, para que nosotros también busquemos esa fe inquebrantable que es aquella que cree sin ver, que espera en todo momento y reconoce la mano del Señor en nuestras vidas.

Nosotros necesitamos ser familias santas, nuestra sociedad necesita familias santas. Son los catequistas ese eslabón importante para la Iglesia que permite ayudar a rescatar un niño y por consiguiente una familia. Son ese eslabón que el Señor utiliza para llegar a esas familias que no conocen al Señor o a muchas otras que tal vez lo conocen pero están alejadas. El catequista es de suma importancia para la Iglesia ya que a través de ellos los niños pueden ser educados en la materia más importante para su vida, que es tener un encuentro personal con Jesús. Por eso, catequista, tenemos que educarnos, aumentar nuestra fe, vivir pegados como un chicle a Cristo para que nada nos aleje de Él, para que podamos crecer en Él, para que podamos tener una relación especial con Él. Teniendo una relación genuina con Cristo podremos ser testimonio vivo dando por gracia lo que por gracia hemos recibido. De esta manera cada niño que esté en nuestras manos será un tesoro para nosotros y debemos valorarlo dándole lo mejor de nosotros siendo nuestra vida un ofertorio de amor hacia Jesús.

(Obispado de Arecibo)

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