Nació el 1 de febrero de 1938, en Aguadilla, de padres y familia profundamente cristianos. En este seno familiar nació su vocación como Misionera Dominica, primeramente en la vida activa, en Kentucky (EE.UU.) y luego como contemplativa en España, Camerún y finalmente en Puerto Rico.

Conoció nuestro Monasterio “Madre de Dios”, cuando estábamos ubicadas en Utuado. Luego de un discernimiento y conocimiento mutuo, se decide por esta vida dominica contemplativa, ingresando en clausura en el Monasterio Madre de Dios  en Olmedo, España.

Después de unos años en España, pasa a formar parte del Monasterio Madre de Dios en Camerún (África), en mayo de 1993, donde por 25 años permaneció, entregando su vida, energía, entusiasmo y dotes recibidos de Dios, como Dominica Contemplativa misionera.

Por su entusiasmo y preparación musical como organista, ofrece este servicio a su comunidad hasta su traslado a Puerto Rico, donde llega acompañada de su Madre Priora, Madre Inés de María, el 22 de diciembre de 2016, para tratamiento médico, ya que su salud se encontraba bastante deteriorada. Aquí en Puerto Rico le diagnosticaron cáncer ya muy avanzado. Se le ofreció toda clase de ayuda en este campo (de lo que estamos muy agradecidas a todos los que contribuyeron a ello).

Agradecemos la ayuda espiritual de nuestro Padre Capellán, el Padre Lisímaco Hincapié, que fue siempre generosa e incondicional y la de los Padres Dominicos y otros sacerdotes que la asistieron durante su enfermedad.

Estos meses vividos en nuestra comunidad en Manatí, fueron muy entrañables, siempre con su buen humor y su sonrisa, que aún en los momentos más fuertes, supo mantener, como fiel hija de la Sierva de Dios, Madre Teresa Ma. de Jesús Ortega, O.P. y nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán.

Su enfermedad avanzaba, hasta que el pasado 10 de julio, entregó su alma a Dios, siempre rodeada de las oraciones, ayuda y el cariño de sus Hermanas en Comunidad.  Todos los Monasterios de la “Unión Fraterna Madre de Dios”, muy en especial las Hermanas en Camerún, estuvieron acompañándola espiritualmente durante su enfermedad.

Agradecemos a todos sus familiares que tan de cerca y con tanto esmero se desvivieron por mostrarle su cariño y ayuda.

Aunque su partida a la “Casa del Padre” nos entristece, damos gracias a Dios por su fidelidad en la vida consagrada y su don total a la Iglesia y los hermanos.

Hasta el Cielo, querida Hermana Sor Ma. Del Sí. ¡Pronto nos veremos!

¡Madre de Dios en Manatí, P.R. y toda la “Unión Fraterna”!

(Obispado de Arecibo)

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