Para conversar sobre el fenómeno de la migración de puertorriqueños y el rol de la familia con los boricuas de la diáspora, El Visitante conversó con Padre Rafael Capó Iriarte, quien labora como director de la Oficina e Instituto Pastoral de los Obispos del sureste de los Estados Unidos para la Pastoral Hispana (SEPI).

¿Con fe en la maleta?

Sobre el tema de la diáspora boricua, confesó que “mi corazón está dividido, estoy con un pie en P.R. y un pie en el continente”. Sobre el constante flujo migratorio de puertorriqueños a la zona central de Florida y distintos núcleos de poblaciones boricuas en la costa este y oeste de los EE.UU., aludió a las palabras del hoy San Juan Pablo II al decir: “La Iglesia es experta en humanismo, y esto la mueve a extender su misión a todos los campos en que los hombre y mujeres caminan en busca de la felicidad. La Iglesia debe dar respuesta a esta realidad en solidaridad, apoyo y acompañamiento”.

Esta realidad migratoria acentúa la misión evangelizadora de la Iglesia, por lo que argumentó que si los boricuas van o vienen urge el acompañamiento y la evangelización. Lo cierto es que los puertorriqueños, según su experiencia y datos, regresan constantemente el archipiélago puertorriqueño. Esta realidad presenta un panorama complejo. Canónicamente le corresponde a la Iglesia en EE.UU. responder a esta realidad, pero la realidad cultural, familiar y afectiva no se puede pasar por alto. A esto, respondió: “Sabemos que nuestros hermanos puertorriqueños que llegan a los EE.UU. van y vienen continuamente. La obligación de acompañarles es compartida, desde el corazón del Evangelio. Llegamos a un momento en que los Obispos de EE.UU. y P.R. deben mantener un diálogo abierto y colaboración. Personalmente, pienso que la responsabilidad -de evangelizar y acompañar- es compartida”. Advirtió que en el momento que se pierde la conexión “los lobos que asechan al rebaño atacarán”.

Asimismo, invitó a sacerdotes hispanos y puertorriqueños a unir esfuerzos y “echar una manita cuando sea posible” para ayudar a los proyectos de la pastoral hispana, la integración de los puertorriqueños a la vida parroquial donde quiera que se encuentren y a fieles de la diáspora que frecuentan la Isla.

Hispanidad que busca unidad

Ante la interrogante de una relación cada vez más estrecha entre la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USSCB, por sus siglas en inglés) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) indicó que los vínculos y proyectos en lo relacionado con la pastoral hispana cada día se fortalecen más. “Las iniciativas entre la USSCB y el CELAM son mayores a todos los niveles, pastorales, formación e incluso en el Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana (la quinta edición se celebrará en septiembre de 2018). Se están dando cada vez más, momentos de intercambio y apoyo. No solo de dialogar, sino de trabajar juntos”, destacó.

Del mismo modo, el boricua natural de Ponce indicó sentirse bendecido y privilegiado por dirigir SEPI, una de las principales organizaciones de la pastoral hispana en los EE.UU. El sacerdote puertorriqueño se encuentra liderando procesos de alta envergadura para la pastoral hispana a nivel nacional. Ante la gesta que le resta por realizar, solicitó el apoyo y la oración del pueblo boricua que peregrina en la fe.

“A la iglesia le toca no solo evangelizar a los hispanos -nacidos en EE.UU. o migrantes- y a los puertorriqueños que llegan, nos toca acompañarlos para que ellos se conviertan en evangelizadores, que se conviertan en parte de esa Iglesia en salida”, sostuvo con voz contundente P. Capó.

Familia que se vincula en la fe

Por otro lado, P. Rafael aprovechó para hacer un llamado a los que tienen familiares en cualquier punto de los EE.UU. u otros países a que promuevan y mantengan la fe y tradición católica por todos los medios con sus seres queridos. Fue contundente al destacar que: “La familia debe tener en el corazón los valores con los que creció en la fe; que alimente las tradiciones que formaron su niñez, adolescencia y familia; y que conserven la tradición y devoción a la Santísima Virgen Madre de la Divina Providencia -patrona de todos los puertorriqueños-, las tradiciones de los Reyes Magos, de Adviento, Navidad y las diversas expresiones de nuestra religiosidad popular puertorriqueña”.

Algunos ejemplos de esto son que la familia asista unida a la misa dominical, rezar el rosario en honor al abuelo difunto, la visita al santuario, la promesa de Reyes, la oración en la mesa, la participación en las distintas actividades de la parroquia, la visita al Santísimo y muchos otros. Sugirió, no olvidar echar la bendición, encomendar a Jesucristo y María y mantener esa tradición de fe familiar en las conversaciones que ahora no solo se sirven del teléfono y la video-llamada, sino de las distintas redes sociales. No importa qué pequeño sea, a lo lejos esos detalles se amplifican.

“Con la ayuda de la familia, núcleo vital de la sociedad, se debe luchar para mantener las hermosas tradiciones que han hecho del pueblo boricua uno único. De esta forma, los puertorriqueños de la diáspora, cuando visiten su tierra, “podrán volver a conectar con su fe y cultura en la Isla”, puntualizó.


Para leer la primera parte del artículo, acceda a:

Más de la mitad de los jóvenes católicos en EE.UU. son hispanos

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here