El Arzobispo Metropolitano de San Juan. Mons. Roberto O. González Nieves, OFM presentó su primera carta pastoral del 2015 en la que hizo un recuento de los problemas sociales que afectan a los puertorriqueños.
La epístola que lleva por título La vida buena del evangelio, se divide en cuatro partes y una invitación final. En la primera parte presenta los problemas sociales que más afectan y preocupan a los puertorriqueños.
Entre ellos destacó los problemas de violencia que cegaron la vida de forma trágica de tantas personas en el año que concluyó recientemente.
Igualmente hace referencia a los homosexuales y lesbianas que continúan siendo objetos de mofas y burlas por comediantes, fundamentalistas religiosos y moralistas, con una práctica excluyente.
Del mismo modo se refirió a los ancianos que son tratados como estorbos u objetos de desechos por sus propios hijos e hijas. A su vez hizo referencia a la modalidad de violencia que se comete contra los inmigrantes.
Asimismo denunció la violencia y abuso sexual del que han sido objetos los menores de parte de parte de sacerdotes y otros religiosos.
“A esas víctimas, una vez más, pido perdón. A la vez reitero mi compromiso de cero tolerancia al abuso sexual venga de donde venga”, cita el documento.
También mencionó el desproporcionado tiempo que ha permanecido tras las rejas el preso político, Oscar López Rivera.
Mientras en la segunda parte, señaló que la causa fundamental que explica el deterioro de la sociedad está en haber sustituido el anhelo de una vida buena, por la buena vida.
Explicó que la buena vida se refiere a un gusto superficial y material ligado al egoísmo, al consumismo y al exceso. En cambio la vida buena aspira a la modestia, el equilibrio entre lo material y espiritual, colocando un acento en la calidad y la profundidad de las relaciones humanas y no en las cosas.
En la carta instó a la ciudadanía a abandonar esa lógica de la buena vida, que se ha instalado como norma y vicio. “Mientras esta mentalidad de buena vida que existen en todas las clases sociales siga dominando nuestra visión ciudadana, jamás saldremos de la desigualdad social imperante”, dice el escrito.
De inmediato reiteró que la oferta de vida buena que plantea equivale a una vida modesta, equitativa, balanceada, ingeniosa y creativa, alegre y cotidiana, de trabajo honroso en sintonía con la idiosincrasia puertorriqueña.
Aunque afirmó que sabe que es un cambio de mentalidad sumamente difícil, su dificultad puede ser considerada como un profundo aliciente. “Quisiera que lo contempláramos como artistas ante la posibilidad de una obra de arte colectivo”, expresa.
En la parte final del extenso escrito aprovechó para invitar a los gobernantes, legisladores, alcaldes, jueces y servidores públicos a reevaluar el servicio público para reenfocar en la perspectiva de vida buena.
También hizo un llamado a las empresas e instituciones públicas y privadas en especial a las universidades a hacer un alto para pensar y difundir la propuesta de vida buena.
Rogó que la carta pastoral sea leída, meditada estudiada y aplicada por los sacerdotes, diáconos, laicos y laicas, especialmente al abrigo de las comunidades parroquiales. Invitó a elaborar proyectos de vida, especialmente en el interior de las familias.
Finalmente exhortó a los religiosos y religiosas que en el marco de año de la vida consagrada a que con su capacidad de “despertar al mundo”, anticipen, promuevan y contagien los valores de la vida buena.

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