Primer puertorriqueño en ser designado Obispo de Puerto Rico, Juan Alejo de Arizmendi se distinguió por su carácter celoso y ferviente en cuanto a la administración de la Iglesia y el gobierno del País.

Nació el 17 de julio de 1760 en San Juan. Obtuvo su grado de Bachiller en Artes en el Real Seminario de Santa Rosa de Lima de Caracas el 9 de octubre de 1779. Al año siguiente estudió jurisprudencia y Sagrados Cánones en la Universidad de Caracas. En 1784 se dirigió hacia la isla de Santo Domingo para continuar estudios en la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, regentada por los frailes dominicos.

Su ordenación presbiteral fue en diciembre de 1784 en la catedral de Santo Domingo bajo la imposición de manos del Obispo de Puerto Rico, Don José de Trespalacios. Ambos llegaron a Puerto Rico el 16 de julio de 1785, una vez en tierra, Arizmendi fue asignado como confesor y capellán de las Madres Carmelitas.

No es hasta el 1792 que Arizmendi es nombrado Provisor y Vicario General de la Diócesis de Puerto Rico por el Obispo Francisco de la Cuerda. Tras la muerte del Obispo, Fray Juan Bautista Zengotita en 1802, al año siguiente el rey de España Carlos IV presentó al Papa Pío VII el nombre de Arizmendi para ocupar la sede episcopal de Puerto Rico. La selección fue confirmada el 26 de febrero de 1803 y el 25 de marzo de 1804 fue consagrado Obispo por su homólogo Don Francisco de Ibarra en la Capilla del convento de San Francisco en Caracas.

El 16 de agosto de 1809 ocurrió el histórico evento en el que el Obispo Arizmendi envió un mensaje a Ramón Power y Giralt al ser electo Diputado a Cortes. Desprendiéndose de su anillo episcopal lo colocó en las manos de Power “a fin de que quedase para siempre vinculado con sus lazos de la correspondencia y afirmarse en sí la resolución de proteger y sostener los justos derechos de sus compatriotas”.

Entre los meses de septiembre y octubre de 1814, el estado de salud de Arizmendi empeoró como consecuencia de un riguroso ayuno por una depresión provocada ante falsas acusaciones y calumnias levantadas por el gobernador Salvador Meléndez Bruna mediante una carta enviada al Rey, acusándolo de ser infiel y promotor de insurrecciones en la isla.

A las 6:30 de la mañana del 12 de octubre del mismo año, el Obispo que se encontraba de visita en la Villa del Capitán Correa murió. Fue sepultado la noche del 13 de octubre en la ermita de Nuestra Señora de la Monserrate de Arecibo. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de San Juan el 10 de agosto de 1815. Actualmente sus restos están en el Altar de la Patria.

(Fuente: Libro: El Obispo Juan Alejo de Arizmendi ante el proceso revolucionario y el inicio de la emancipación de América Latina y el Caribe de Fray Mario A. Rodríguez León, O.P.)

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