Luis E. Dacosta

Maestro de Ceremonias del Sr. Arzobispo


La Iglesia Arquidiocesana de San Juan presentó a 19 hombres, después de un proceso formativo, para el servicio de Dios y de la Iglesia Puertorriqueña, a través del Arzobispo Roberto O. González Nieves y quien con la imposición de sus manos ordenó a estos elegidos al ministerio del Diaconado Permanente.

La Misa de ordenación fue el domingo, 29 de mayo de 2016, Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo; y también se celebraba el día Jubilar de los Diáconos, con motivo al Año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco. Se llevó a cabo en el Coliseo Rubén Zayas Montañez, en Trujillo Alto. Comenzó con la adoración al Santísimo Sacramento, con cánticos, oraciones de alabanza y finalizando con la Bendición por el Padre Edwin Hernández, Vicario para los Diáconos.

La Santa Misa fue presidida por el Arzobispo, y contó con la presencia del Obispo Álvaro Corrada del Río, Obispo de Mayagüez; del Obispo Héctor Rivera, Obispo Emérito Auxiliar de San Juan; varios sacerdotes, párrocos e invitados; y algunos diáconos de la Arquidiócesis que renovarían sus promesas diaconales por el jubileo de los Diáconos.

En la homilía el Arzobispo dio un mensaje de servicio dirigido a los nuevos diáconos, a los diáconos presentes ya ordenados y al pueblo santo de Dios, explicando lo que es la importancia del ministerio diaconal: “Queridos hermanos que dentro de unos minutos serán ordenados diáconos, recuerden, el servicio es el apellido, el adjetivo del nombre diácono. Diácono servidor. Servidor por excelencia. Y, no es solo el servicio litúrgico al lado de un sacerdote o de un obispo. Sobre todo, es el servicio a imitación de Cristo, el servicio a los pobres, a los débiles, a los cautivos, a las viudas, a los marginados de nuestra sociedad como son los ancianos, y las personas; como dice el Papa Francisco, de las periferias. Jesús nos dice ‘Id’: ‘ir’, ‘vayan’; no nos dice al revés: ‘quédense quietos y que la gente venga a donde ustedes’; es como decir que sea la oveja, especialmente la extraviada, la que busque al pastor y no viceversa”.

Y habló del Evangelio del día (Lc. 9, 11b-17) sobre la multiplicación de los panes y los peces, que está en sintonía con el ministerio diaconal y con el mandato de servir y de ir hacia los más necesitados. Y así mismo profundizó en lo social diciendo: […] Luego de Jesús darles el Pan de la palabra, los discípulos también saben que es importante que nos ocupemos también de otras necesidades, el pan del alimento y el pan del techo, el pan de la justicia, la dignidad, la paz y la solidaridad. […] Como diáconos, esta actitud de los discípulos, debe ser emulada. Ver en la muchedumbre a nuestro alrededor aquellas personas necesitadas, aquellas personas sin comida, sin techo, sin salud, en penurias. Lo contrario sería ser indiferentes”.

Con estas palabras el Arzobispo animó a los nuevos diáconos y al pueblo a no olvidar el servicio que nos toca como iglesia. Hizo hincapié en nuestra fe, en nuestra doctrina social, en que nuestro ministerio no debe existir la indiferencia que ignora, que mata, que humilla, que desfigura el rostro misericordioso de Jesús. El ministerio que recibieron es uno de “ir”, de darles de comer, de vestir al desnudo, visitar al prisionero, al enfermo, según la voluntad de Cristo y a imitación de los discípulos del Señor.

La ceremonia fue bastante concurrida y emotiva por los cánticos y las emociones que tenían los nuevos diáconos y sus familiares. Hubo lágrimas y sonrisas por todos lados. Y con la presencia de la gente que estuvo en el coliseo los diáconos ya ordenados renovaron ante del Arzobispo sus promesas diaconales y después de este gesto la Misa siguió como de costumbre. Gracias a los nuevos diáconos por decir “Sí”.

 

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