Y se quedaron con Él
(Domingo II durante el año, Ciclo B)

                Escuchar no está pasado de moda; es más, siempre está a la moda. Esta capacidad humana, que entraña un proceso físico y una serie de elementos psíquicos, toma un protagonismo especial en la liturgia de la Palabra de esta celebración.

                Creo que, desde la capacidad de escuchar, unida a las acciones de encontrar, de permanecer y de anunciar, se puede construir la reflexión de este domingo. Escucha Samuel en la primera lectura (1 Sam 3, 3b-10. 19); escucha la gran multitud en el salmo (Sal 39); escuchan los cristianos de Corinto en la segunda lectura (1 Cor 6, 13-15. 17-20) y escuchan los discípulos de Juan Bautista en el evangelio (Jn 1, 35-42). Todos estos textos se conciben en sintonía la oración colecta cuya petición parte del presupuesto que Dios Padre, también, escucha las suplicas de su pueblo.    

                En cada una de las narraciones bíblicas de este domingo, después de escuchar se desarrolla la mencionada serie de acciones, trayendo una profunda enseñanza. Es interesante que, si en la primera lectura hubiese sido Elí quien hubiera estado preguntando por la llamada que escuchaba, quizás, un súbito juicio hubiese llevado a decir que se debía a su senilidad, a las cosas propias de su avanzada edad. Pero, es impresionante que se trate del pueril Samuel. Ciertamente, la experiencia del anciano ayuda al joven en su escucha y en su respuesta. Al final, el sonambulismo y la inconsciencia del sueño no pudieron contra el discernimiento claro y contundente que llevó a la contestación asertiva: tú hablarás y yo serviré a tu mandato. Así el joven Samuel escuchó, buscó la respuesta y, como señala el final del texto, permaneció con el Señor y no dejó que su palabra cayera por tierra. El salmo parece, entonces, aportar el elemento del anuncio cuando señala: Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; y todavía más convincente aún cuando indica: no, no mantuve mis labios cerrados.    

                La página evangélica, también la podemos abordar con las cuatro acciones. Los discípulos después que escucharon la invitación del Maestro; encontraron su morada, permanecieron con Él y anunciaron gozosos que encontraron al Mesías.  

                Por eso pienso que, para el cristiano de hoy quedarse con Él implicará compartir largos y serenos momentos de oración como escucha profunda de su voluntad y compartir los muchos ratos de asistencia a los necesitados que le buscan, como anunció activo e inequívoco de salvación. Implicará participar en la misión y, de dos en dos, compartir gratis lo que gratis se ha recibido. Implicará comprometerse a la defensa de un Reino que no tiene ejércitos sino solamente el anuncio de la paz. Quedarse con Él no es una invitación a la pasividad, sino que es aceptar su causa y, con valentía, asumir todas sus consecuencias, entre las que se encuentra la fatalidad de la cruz. Implicará romper sueños, como Samuel, y estar con los oídos afinados para la respuesta y la disposición. Quedarse con Él supondrá el control de la corporeidad material, que señala Pablo, y asumir el gozo de saberse templo del Espíritu. Quedarse con Él no es la permanencia cómoda que da un buen espacio, una decoración hermosa o unos estupendos divanes; sino que implicará ponerse en camino, con solo unas sandalias, por rutas pedregosas, escarpadas, desconocidas y siempre en dura subida. Quedarse con Él implicará el reconocimiento de la inexperiencia (como el aturdido Samuel); de la atrevida curiosidad (como los discípulos de Juan); de la poquedad que supone una piedra (como Pedro) para dar paso a lo verdaderamente importante: gritar a plena voz el anuncio maravilloso de haber encontrado el Mesías.    

P. Ovidio Pérez Pérez

Para El Visitante

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