El Eclesiástico, de manera exquisita, nos habla de la Sabiduría como una persona que planta su tienda en medio de nosotros.  Su hermoso vocabulario se parece tanto al Prólogo de San Juan, que es una primera lectura perfecta para introducirnos al Evangelio.

El cántico de la Carta a los Efesios es una alabanza de San Pablo a Dios, por habernos dado el regalo de Jesucristo, que su mera presencia es bendición para todos nosotros.

La Iglesia nos presenta una vez más el Prólogo de San Juan, porque la meditación del mismo es algo que nunca se termina de profundizar.

Puerto Rico, tiene dos domingos de Navidad, porque la Epifanía es una celebración con carácter de precepto aquí en la Isla.  En otros países, como Estados Unidos, la Epifanía se celebra en el día de hoy.  Así que somos afortunados y es por eso que nuestras navidades son de las más largas en el mundo, gracias a la Iglesia Católica.

El libro del Eclesiástico no deja de fascinar porque, a pesar de que no figura en el Canon Judío y por ende los protestantes lo rechazan, tiene tantas conexiones con el Nuevo Testamento, como lo es el pasaje de hoy.  Al leerla, es como si estuviéramos leyendo al Verbo hecho Carne hablando en primera Persona.  Nosotros los católicos identificamos a Jesucristo como la Sabiduría de Dios hecha carne, hecha hombre.  Es por eso que podemos identificar al personaje de la primera lectura como Jesucristo que se hace hombre y que acampa entre nosotros.  Su presencia en medio del pueblo es para que el pueblo entienda bien claro la Palabra de Dios.

Más o menos es lo mismo que nos dice San Pablo en la segunda lectura de hoy.  La sola presencia de Jesucristo en medio de nosotros es ya fuente de bendición para todos nosotros.  Fue bendición para los pastores que lo fueron a ver; fue bendición para Israel entero porque, como dice San Mateo, “el pueblo que habita en las tinieblas ha visto una gran luz”.  Me viene a la mente todas las localidades que cuentan con un templo, ya sea una parroquia, una capilla, un oratorio en donde se tenga custodiando el Santísimo Sacramento.  Esta presencia de Jesucristo es ya una bendición para ese lugar.  Cuando un obispo consagra un templo e instala un sagrario, se repite lo mismo que ocurrió cuando Jesucristo nació en Belén: “el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros”.  

Y con estas dos lecturas como preámbulos, de nuevo viene a nuestra consideración el Prólogo de San Juan, que ya lo habíamos visto en Navidad.  El Prólogo es un resumen de toda la Historia de la Salvación en la persona de Jesucristo.  Primero nos relata, que Dios era inaccesible, que el solo verlo mataba a uno.  La distancia entre Dios y nosotros era insalvable.  Recordemos los diálogos entre Dios y Moisés en el Sinaí, en los cuales Dios no le permitía a Moisés ver su rostro.  Pero en el momento en que Jesús nace en Belén, ese velo se rasga.  Ya Dios se hizo uno de nosotros.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante