El cine estadounidense gusta de hacer nuevas versiones de sus éxitos del pasado; es una manera casi infalible de generar nuevas ganancias. Se modifican algunos aspectos temáticos de la primera versión fílmica, se les asignan los roles principales a estrellas jóvenes y la nueva película resulta más conforme con los tiempos. West Side Story es un ejemplo reciente de este tipo de transformación.

En la versión que se acaba de estrenar se han suavizado algunos elementos conflictivos de la primera y se han escogido caras nuevas para los papeles principales, atendiendo a que los tipos físicos correspondan mejor a los personajes puertorriqueños de este musical exitoso. Se ha vuelto a incluir en el elenco, además, a Rita Monero, ganadora en el año 1961 del Oscar de mejor intérprete femenina secundaria por su caracterización de Anita. El proyecto se ha puesto en manos de un director muy reconocido, Steven Spielberg. Tal estrategia fue sorpresiva ya que se trata de un realizador que se ha hecho famoso por películas como ET, Close Encounters of the Third Kind y la serie de Indiana Jones. Hubiera parecido que esta versión de West Side Story tendría un éxito asegurado gracias a todas esas modificaciones. No ha sido así, las recaudaciones han sido decepcionantes hasta el momento.

¿Qué juicio nos merece la cinta desde el punto de vista crítico? Su primera parte, la que introduce la trama y los personajes, es muy semejante a la cinta anterior, pero no la supera. El argumento, que se fundamenta sobre el drama clásico de William Shakespeare, “Romeo y Julieta”, se centra en los amores desgraciados entre una chica puertorriqueña que vive en la parte oeste de la ciudad de Nueva York durante los años sesenta, justamente el momento en que el sector fue expropiado y sus edificios demolidos para construir el Lincoln Center. En ese lugar y en ese momento se enfrentan también dos bandas de adolescentes: la de los Jets, está integrada por muchachos estadounidenses blancos; y la de los Sharks es mayoritariamente puertorriqueña.

Tony, perteneciente a los Jets, se enamora de María, cuyo hermano Bernardo es el jefe de los Sharks. Es también novio de Anita, amiga y confidente de María. Los amores de ambas chicas terminarán mal debido a las hostilidades crecientes entre ambas bandas. Constituyen estas la versión contemporánea de las familias antagónicas, los Montesco y los Capuleto, en la mencionada obra de Shakespeare.

Las diferencias más salientes con la película anterior se introducen al principio. La banda puertorriqueña hace referencia a la situación colonial de la Isla al entonar la versión revolucionaria del himno patrio. Se modifica, además, el número musical denigratorio de la Isla. Aunque lo primero índica que la banda está en pie de lucha, el himno parece estar fuera de lugar en el contexto de la comunidad puertorriqueña de esa época en Nueva York. Las luchas, en este caso, son entre bandas rivales que quieren dominar un territorio urbano.

Se introduce, además, un nuevo personaje, Valentina, interpretado por Rita Moreno. Se trata de una mujer mayor que busca conciliar los intereses de las dos bandas. Aunque el rol es pertinente y ella resulta convincente, el hecho de que Bernardo esté representado por un actor cubano cuyo acento lo delata como tal le resta verosimilitud a la trama. Es el caso de varios otros actores con acentos que no son puertorriqueños.

En la segunda parte de la película, el enfrentamiento entre las dos bandas, con sus consecuencias funestas, recurre en demasiados momentos a lo melodramático, que prima sobre lo dramático. Se debilita así la tragedia en torno a la cual se organiza la historia. Los números musicales, sin embargo, cuentan con la energía de los originales, aunque la letra de varios sea diferente.

Este nuevo West Side Story queda, pues, como un intento interesante de recrear un musical ya clásico del cine. Aunque tiene aciertos innegables, la primera versión -aunque más lesiva para los puertorriqueños- sigue siendo más vívida y explosiva que esta, quizás también porque la situación de los boricuas en la Gran Manzana ha cambiado bastante en los años transcurridos entre una y otra película.

Luis Trelles

Para El Visitante

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