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La salud mental es un aspecto fundamental para el bienestar de la persona y en especial en las comunidades parroquiales. Tener un equipo de ayuda de tipo multidisciplinario de salud mental en las parroquias como un psicólogo, psiquiatra, trabajador social y un consejero profesional puede tener muchos beneficios al servicio pastoral. Es importante tener en una parroquia un consejero profesional porque es una persona que ha recibido una formación académica acreditada y una licencia otorgada por la Junta Examinadora de Consejeros Profesionales del Departamento de Salud. 

La Consejería Profesional es una profesión de la salud mental que busca ayudar a la persona a encontrar su bienestar físico, mental y emocional a través de una interacción terapéutica entre el consejero profesional licenciado y su cliente. Este profesional es una persona que tiene una formación especializada en el campo de la psicología, educación, orientación, consejería individual y grupal; que ofrecen servicios de apoyo, asesoramiento, prevención e intervención a individuos, grupos o comunidades que enfrentan diversas situaciones o problemas de índole individual, pareja, familiar, social o laboral. Pueden prestar sus servicios en diferentes ámbitos, como educativo, salud mental, comunitario, organizacional o religioso. Algunos han recibido una formación teológica pastoral para brindar orientación y servicio a las personas que lo necesitan, desde una perspectiva cristiana y en comunión con la Iglesia. Algunas de las ventajas de tener un consejero profesional en una parroquia son:

  •  Ayuda a los fieles a conocerse mejor a sí mismos, a desarrollar sus potencialidades y resolver sus conflictos internos o externos desde una perspectiva integral y humanista que respete su dignidad y su libertad. 
  •  Acompaña a los fieles en sus procesos de crecimiento espiritual, de discernimiento vocacional como lo es la etapa del noviazgo y la vida matrimonial, desde una manera madura, responsable, de compromiso sacramental y social, desde una visión cristiana y con el que le rodea mundo. 
  • En el ámbito religioso, puede ofrecer sus servicios a las parroquias, que son comunidades de fieles católicos que se reúnen en torno a un templo y aun párroco, que es el sacerdote encargado de atender sus necesidades espirituales y pastorales. Las parroquias también cuentan con la colaboración de otros sacerdotes, diáconos, consejo parroquial, religiosas y laicos que participan en diversas actividades y ministerios para el fomento de la vida cristiana. 
  •  Ayuda a orientar a los fieles en situaciones de crisis, de duelo, de enfermedad, de violencia, de adicción o de cualquier otra dificultad que afecte su bienestar personal, de pareja o familiar, ofreciéndoles un espacio de escucha, de comprensión, de consuelo y de esperanza. 
  • El consejero profesional es una persona que puede ayudar a los feligreses a resolver sus problemas personales, familiares, sociales o espirituales, con respecto, confidencialidad y profesionalismo. 
  •  Puede colaborar con el párroco y el consejo parroquial en el diseño e implementación de programas de prevención, mediación de conflictos, educación y formación para la comunidad parroquial. 
  •  Puede ser un puente entre la parroquia y los recursos externos que puedan beneficiar a los feligreses, como instituciones de salud mental, servicios sociales, organizaciones civiles, etc.
  •  Puede prevenir y atender los problemas psicosociales que surgen en la comunidad parroquial, como la falta de comunicación, la división, el individualismo, la apatía o la indiferencia, promoviendo la participación activa y la fraternidad entre los miembros. 
  • Colabora con el párroco y con los demás agentes pastorales en la elaboración e implementación del plan pastoral parroquial, aportando su conocimiento y experiencia profesional para el análisis de la realidad, y la evaluación de resultados de estudio de necesidades para implantar el plan de trabajo pastoral. 
  •  Ayuda a capacitar y supervisar a otros agentes pastorales que realicen funciones de consejería u orientación en la parroquia, como los catequistas, los animadores juveniles, los líderes comunitarios y/o los ministros extraordinarios de la comunión. 
  •  Establecer vínculos con otras instituciones o profesionales que puedan complementar o derivar los servicios de consejería que se ofrecen en las parroquias, como escuelas, colegios, hospitales, centros comunitarios o redes de apoyo. 
  • Contribuir a la evangelización de la cultura y las culturas del hombre, mediante el testimonio de su vida y su compromiso con los valores del Evangelio. 
  • Promover el crecimiento en su vocación laical, al participar activamente en la misión de la Iglesia y al servir a sus hermanos con amor. 

La Iglesia católica considera que los consejeros profesionales al servicio de las parroquias son una ayuda valiosa para la atención integral de las personas, especialmente en aquellas que se sufren problemas psicológicos, emocionales, problema de conyugales, familiares o espirituales. La Iglesia reconoce que los consejeros profesionales tienen una formación específica y una competencia técnica que les permite ofrecer un acompañamiento terapéutico y orientador a quienes lo necesitan. La Iglesia también respeta la autonomía y la metodología propias de la ciencia psicológica, siempre que no se oponga a la fe y a la moral cristiana. 

La Iglesia anima a los consejeros profesionales al servicio de las parroquias a ejercer su labor con profesionalismo, ética, caridad y espiritualidad. La Iglesia les ofrece apoyo, formación y acompañamiento a través de diversas instituciones y organismos, como el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, la Federación Internacional de Asociaciones Católicas de Psicoterapeutas y Consejeros (FIAPC), el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Psicológicas (ISCRIP), entre otros. También les invita a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia, siendo testigos de Cristo, el buen samaritano y el médico divino.       

Según la Ley para la Reglamentar la Práctica de los Consejeros (as) Profesionales de Puerto Rico, los consejeros profesionales cuentan con la preparación para ayudar a personas y grupos a lograr el desarrollo y estabilidad mental, emocional, física, social, moral educativa y ocupacional a través del ciclo de vida. El consejero profesional debe tener una identidad cristiana clara y coherente con su fe y su moral católica. Asimismo, deben respetar las normas canónicas y pastorales que rigen la vida parroquial, así como las orientaciones del párroco y del obispo diocesano. Finalmente, deben actuar con profesionalismo, ética y caridad en el ejercicio de su profesión. 

       El Papa Francisco ha hablado en varias ocasiones sobre la importancia de la dignidad humana, el trabajo y el desarrollo integral de las personas y los pueblos. También ha reconocido el valor de los profesionales que dedican a la atención de la salud mental y espiritual, especialmente en tiempos de crisis y sufrimiento. En su encíclica Laudato si’ (2015), el Santo Padre afirmó que “la salud es un bien personal y social que hay que cultivar y proteger, integrando aspectos psíquicos y espirituales”, (n.138). También señala que “muchas veces se descuida la dimensión espiritual de la persona, que es la más decisiva para afrontar el sufrimiento, la enfermedad y la muerte” (n.152).

La consejería profesional es una herramienta útil para ayudar a las personas a enfrentar problemas personales, familiares, emocionales o espirituales. Sin embargo, no puede sustituir el cuidado pastoral que brinda la iglesia local, donde el creyente practica su fe. La consejería profesional puede complementar el ministerio de la iglesia, siempre que se base en los principios bíblicos y se realice con respeto y colaboración con los pastores de la Iglesia. 

Dr. David Morganti Padilla, MEd. Consejería, CPL, M.Div. PhD. Hum.

morganti.david4@gmail.com

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