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Me encanta el amanecer. Es como si unos dedos luminosos levantan el velo opaco para descubrir la bóveda celeste encendida y así romper con la oscuridad de la noche. El silencio y el asecho nocturno se sustituyen por color, melodías y el descubrir que no hay recoveco oculto por la claridad. El paso de la Semana Santa a la Pascua es igual. Todo sentimiento derrotista, pesimista, depresivo, ansioso o tristeza queda doblegado por la paz, el bien y la alegría que trae Jesucristo resucitado. ¿Verdaderamente lo vivo así?

Transitar al tiempo pascual es determinante. Algunos, con cierta razón, señalan que no pocos fieles católicos nos quedamos en la cuaresma y la Semana Santa porque la asistencia no se mantiene para la Pascua. Tal vez, hay una crítica solapada -y debe haber una autocrítica- al gusto por lo trágico, lo dramático, lo triste y lo que genera culpa. El crucificado es realmente una imagen dura de ver, que realmente nos debe recordar el mayor AMOR. Sin embargo, la historia no acaba con la muerte y hay que transicional para concentrarnos en Jesucristo Resucitado al recordar la profecía, al Niñito Dios en el pesebre, al nazareno que predicó, que realizó signos y al Cristo de la Pasión, que murió en la Cruz para abrir las puertas de la salvación de la humanidad con la Resurrección. Claro, un acontecimiento lleva al otro.

Contemplar al Resucitado es unirse a sus anhelos de una paz que arrope el mundo, de una bondad disipe el mal en toda persona y una alegría que contagie todo entorno. Por ello tenemos la misión de llevar a todo lugar y hasta los confines del orbe esta Buena Noticia. Y continúa la lucha contra los vicios y los malos hábitos personales y colectivos como el individualismo, la insensibilidad, la corrupción, pensar que todo es en dólares y centavos, ese pensar que primero soy yo y ese quítate tu pa’ ponerme yo, el maltrato, la violencia en todas sus formas, ignorar el dolor ajeno y olvidarse del sufrimiento del prójimo…

Pascua es tiempo potente para ser emisarios de la paz, el bien y la alegría. Estos no son exclusivos de la espiritualidad franciscana sino que el Poverello d’Assisi y sus fraternos tienen muy presentes estas tres invitaciones del Resucitado. ¿Te unes al Resucitado para propagar la paz, el bien y la alegría? ¿Ayudas a que la paz, el bien y la alegría puedan vencer en el mundo?

 Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

X: @Enrique_LopezEV