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Desde que se aprende a vivir en familia, se cae en cuenta de que hay ventajas y desventajas. La vida es siempre algo frágil. Se torna aún más delicada cuando no se tiene a otros que ayuden y acompañen todo el proceso de desarrollo. La interdependencia, ese contar con los demás que nos rodean, es indispensable en términos de sobrevivencia. De ahí viene la expresión, ‘nadie es una isla’. Nótese que cuando se quiere castigar a alguien, se le priva de la compañía y la comunicación con los demás. La mencionada ‘interdependencia’ es necesaria y requisito para el desarrollo normal de la convivencia y salud mental.  

Impresionante es el hecho de que el infante aprende imitando lo que ve, lo que oye y en general, lo que le toca vivir en el seno familiar. Nos causa gran risa cuando el nene, ya hablando, sale con unas ocurrencias que no se esperaban. Más todavía cuando usa frases o expresiones de los familiares que le rodean, especialmente de mami. La mente de las criaturitas es como una esponja que lo absorbe todo, indistintamente de lo que sea. Muy triste es escuchar a niñitos que, en sus momentos de enojo o molestia, dicen ‘malas palabras’ que son completamente inapropiadas. El punto aquí es que papá y mamá deben de siempre estar atentos a cómo se expresan delante de los menores de edad. 

Es con frecuencia que ante el reto de un niño que no desea o rehúsa comerse su comida, se le promete algo atractivo como recompensa, pero luego no se cumple. “Nos vamos a dar un paseíto en el auto, si te lo comes todo”… y así se siguen acumulando promesas que, a la larga, desacreditan la palabra de los adultos. A eso es que se le refiere como una ‘mentirita blanca’.  No sabemos adonde se originó, pero sí sabemos que lo de ‘blanca’ se supone que signifique algo ‘que no causa daño o que no perjudica a nadie en particular. En algunos otros lugares,  se le conoce también como ‘una mentirita piadosa’. Aquí no se pretende crear todo un problema, pero sí reconocer que no es recomendable hacerlo.  

Este asunto de la ‘mentirita’, cobra importancia en el marco referencial de la cultura hispana.  Parte importante de la reputación de una persona en ese contexto cultural es la ‘honra’.  La gente del campo son los más notables en este renglón de la vida.  Años atrás, no existían los contratos formales, o sea los acuerdos escritos entre individuos.  Un estrechar de manos eran símbolo de un acuerdo formal que se consideraba sagrado.  Lamentablemente, hoy en día, un prometer de palabra no es aceptable en el mundo de los negocios.  Y esto por muchas y variadas razones.  El hecho de que hoy por hoy, vivimos en lo que se conoce por ‘la villa global’, hace de las transacciones algo mucho más complicado.  Se considera un simplismo arriesgado los que todavía actúan sin la formalidad de un contrato.  

Una situación penosa se da en las ciudades grandes, por ejemplo, en Los Angeles, CA, que abundan los indocumentados. Usualmente estos se conglomeran en algún estacionamiento de un centro comercial, desde tempranas horas. Llega un patrón en su camión y como abejas en una colmena, todos lo rodean confiando serán los afortunados de ser empleados para ese día.  Mentira no tan blanca ocurre cuando ese patrón, a modo deshonesto, le promete al obrero tal pago por el trabajo del día y luego, o no le paga, o no le da la cantidad acordada. Es pecado grave contra la virtud de la justicia cuando se explota a un pobre empleado. Vergüenza cuando esta situación se repite con frecuencia. 

La mentira es una plaga tanto en el mundo de los negocios como en lo sagrado del núcleo familiar.  Los esposos que, en su trato mutuo, se acostumbran a mentir no se dan cuenta hasta muy tarde, el gran daño que se han hecho, perdiendo su credibilidad ante sí mismos. Los cónyuges han entrado en un acuerdo mutuo de apoyo y dependencia. La anhelada felicidad no viene de las nubes, se cultiva desde acá abajo, con grandes sacrificios y sufrimientos. El niño que va descubriendo modos y maneras de que su vida no sea tan difícil, se va dando cuenta que el mentir es una posible alternativa. Así lo hacen también algunos adultos. En la vida, sin embargo, todo comportamiento inapropiado tiene consecuencias. El mentir a la larga, siempre tiene un precio. 

¡Cuanto ayuda una vida de fe en este renglón particular! La experiencia espiritual se fundamenta en principios de integridad, honestidad y disciplina. En esto ayuda muchísimo el sacramento de la confesión. Un buen examen de conciencia con frecuencia promueve el esfuerzo a la sensatez. A la larga, ayuda a mantener conciencia de quiénes y cómo somos ante sí mismos, ante los demás y ante Dios. 

Domingo Rodríguez Zambrana, S.T.

Para El Visitante