Getting your Trinity Audio player ready...

La labor del catequista, tan necesario en la Iglesia, es educar en la fe. Sin embargo, el Papa Francisco ha insistido, en que no se trata de algo que debe asumirse como trabajo, sino que “ser catequista es una vocación”. Así lo vive Iris A. Pérez Hernández quien, desde hace tres años, es Coordinadora de catequesis de la Parroquia San Juan Bosco de Arecibo.

Tiene 42 años de edad, es natural del mismo municipio; es esposa y madre, con un trabajo a tiempo parcial, además de la atención que requiere un negocio familiar por el que debe velar. Con todas estas ocupaciones, está comprometida con su parroquia donde no sólo coordina la catequesis, sino que pertenece a uno de los coros y está siempre a disposición para ayudar en otras áreas.

Su vida de fe es fruto de una semilla sembrada en un hogar cristiano en el que no se perdían un Jueves Eucarístico y “el rezo del Rosario en familia nunca faltó”, dijo Iris en entrevista con El Visitante. De modo especial, recordó a su fallecida madre, quien es para ella un modelo ya que la vio ejercer, con gran celo, el mismo apostolado catequético: “Debe estar contenta en el cielo. Quiero trabajar para Él como lo hizo ella”, expresó entre lágrimas.

Ciertamente, la hija ha seguido los pasos de la madre. Iris tenía 23 años cuando comenzó a colaborar en la catequesis parroquial como ayudante en el nivel de Confirmación. Luego, durante 6 años, fue catequista siempre en el mismo nivel. En un momento tuvo que dejarlo hasta que recibió la llamada del párroco solicitándole que asumiera la coordinación. 

“Me encanta ser catequista. Siento que llevar la Palabra del Señor de forma que ellos la entiendan y que la puedan vivir es algo que está siempre en el corazón. Después que una persona es catequista, va a ser catequista por el resto de la vida. Aunque no lo esté ejerciendo, le queda a uno un fuego en el corazón”, aseguró sonriendo.

Según Iris, un catequista debe ser una persona orante, dinámica para impartir la catequesis, amar profundamente a María y “dar testimonio de Cristo vivo entre nosotros. Si eso no está, no enseñaremos nada”. 

Además, comentó acerca de la importancia de que un catequista se prepare y continúe tomando cursos que le ayuden a crecer en su ministerio, ya que “tenemos una labor importante en la comunidad parroquial, pero también con las familias de nuestros niños”.

Finalmente, Iris expresó que los niños y jóvenes la llenan de alegría, que Dios le ha permitido, en ocasiones, ver el fruto de su apostolado en la vida de cuantos perseveran en el camino de la fe y que vive muy agradecida. 

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante