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Mi experiencia en la JMJ Lisboa 2023 

Asistir a la Jornada Mundial de la Juventud por primera vez me enriqueció espiritualmente, ya que me permitió compartir con jóvenes católicos de todo el mundo. Fortalecí mi fe, a su vez experimentando un sentido de unidad y pertenencia como nunca. Para llegar a participar, mis compañeras y yo organizamos varias actividades y ventas de bizcochos, camisas y almuerzos durante algunos meses. 

Ya en la Jornada, atendimos a conferencias inspiradoras, encuentros afectuosos y momentos emocionantes. Por ejemplo, una ocasión que se quedó conmigo fue durante la Vigilia cuando se expuso el Santísimo. En ese instante, todos nuestros corazones se unieron en adoración. Cada latido parecía entrelazarse en una danza de devoción y conexión profunda con nuestro Dios. En otro momento, el Papa nos dijo: “para Dios ninguno de nosotros es un número… es un rostro, es una cara, es un corazón”. Esto me recordó el valor de cada persona y que Dios nos ve como seres humanos con emociones, experiencias y un corazón que merece ser reconocido. 

Al llegar a casa, aplicaré lo vivido en la JMJ a mi vida: al fomentar una mayor conexión y compromiso más sólido con mi fe. En mi parroquia al igual que en mi colegio, compartiré mis experiencias con los jóvenes que vivieron esta Jornada desde Puerto Rico. Estoy segura de que esto los animará a asistir a la próxima. Quisiera que mis compañeros sepan que, como dijo el Papa, nadie tiene más amor que el que nos da la vida. A mis 16 años, puedo decir que siento que mi participación en la Jornada Mundial de la Juventud me ha llenado de inspiración para llevar esos valores a cada día que está por venir y que acepto la invitación del Papa para el Jubileo en Roma. (La autora es estudiante del nivel superior del Colegio y feligrés de San Antonio de Padua en Río Piedras). 

Bianca Díaz

Para El Visitante

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