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El mar y el cielo se ven igual de azules… Así lo cantaban antes. Del mismo modo, la realidad y la virtualidad pudieran crear la ilusión de una misma coloración, pero, nada más lejos de la verdad. La virtualidad busca ser una “realidad” paralela donde todo se muestra mediante una pantalla, que muestra una ilusión en clave binaria con resolución máxima a la realidad. La realidad supera toda ficción o ilusión virtual; en la realidad se vive, se ama y se muere. Estos meses recientes, con dolor en el alma, hemos visto como madres de adolescentes asesinados o muertos en circunstancias sospechosas lanzan alertas contra las redes sociales donde intuyen que ellos pudieron encontrar la puerta virtual que los llevó a una realidad cuyo desenlace mortal apagó sus vidas. ¿Qué sucede con el enredo de las redes sociales?

Ya no es hora de juzgar, ¡es hora de actuar! Se hace evidente que el crimen y la violencia se visten de ovejas virtuales en perfiles de “buena gente” en las redes sociales. Desde ahí buscan seducir usuarios digitales y los invitan a pactar encuentros nocturnos o en lugares minuciosamente planificados. Y cuando se reúnen acontece el libreto de lo “inesperado” y llegó: la complicidad, la extorsión, la amenaza, el secuestro y otros. Estos solo son el primer dominó en una cadena de sucesos que acaba con tragedias, traumas, daños colaterales y muerte.

Urge proteger a cada menor, a cada persona vulnerable, a cada mayor, a cada matrimonio, a cada familia y a cada ciudadano de las garras de la violencia y el crimen que solo aspira a alguien que caiga en la jugadita, a una presa fácil, a carne de cañón o escudos humanos. Urge la conversación sensata para crear conciencia. Urge supervisión con los que no han formado bien su conciencia ni saben medir consecuencias; que todavía no han desarrollado fuerza, maña, experiencia y preparación.

Decir no jamás será sinónimo de cobardía. Cortar una conversación sospechosa jamás será sinónimo de falta de cortesía. Hay razones de salud, seguridad y vida para no entablar una conversación con una desconocida o desconocido, aunque este goce de increíble belleza, estilo o evidente riqueza; para no acceder a ofertas increíbles de dinero fácil; para no escaparse; y para no acceder a circunstancias o sustancias lícitas. En el fondo, toda persona intuye que algo anda mal. Ya es tarde cuando el león agarra a la gacela en sus fauces; salió a toda velocidad a su guarida y no tiene intenciones de soltarla o perdonar su vida. Mantenerle las puertas (reales y virtuales) cerradas del hogar al crimen y la violencia es deber de todos; salva vidas y protege familias de la tragedia. 

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter: @Enrique_LopezEV

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