En la cima de una montaña en el Sector La Gallera en el Barrio Almirante Sur de Vega Baja, reside el matrimonio Lucila “Lula” Rivera y Domingo “Bilingo” Román de 69 y 66 años respectivamente. Al entrar a la residencia, en una habitación se encuentra Bilingo postrado en una cama de posición al tiempo que un ventilador artificial conectado a una traqueotomía le permite mantenerse con vida.

El hombre que la mayor parte de su vida fue una persona activa y trabajadora, fue diagnosticado a sus 45 años con Distrofia muscular de Becker (trastorno hereditario que empeora lentamente y causa debilidad muscular de las piernas y de la pelvis). Como consecuencia de la condición sufrió varios episodios respiratorios. Entre ellos uno que dañó su diafragma provocando que se envenenara con el dióxido de carbono producido por su propio cuerpo y que posteriormente resultara en una traqueotomía.

En adición sufre de hipertensión, diabetes, retención de agua y por si fuera poco es sobreviviente de cáncer en la próstata.

A pesar de haber cotizado para el Seguro Social, por un error interno de la Agencia, Bilingo no ha recibido un centavo. Los únicos ingresos de este matrimonio con 25 años de casados provienen del Seguro Social de doña Lula y del Programa de Asistencia Nutricional (mejor conocido como el PAN).

Cabe destacar que, entre las necesidades que presenta la pareja, les urge un transfer switch automático para la planta eléctrica ya que, en caso de no tener servicio de energía eléctrica, la batería del ventilador artificial dura 4 horas. La guagua con la que cuentan está defectuosa y cuando llueve la capota goterea, lo que dificulta las gestiones de doña Lula ya que se moja. No cuentan con subsidio de luz, lo que les impide mantener encendido el aire acondicionado como les fue recomendado por orden médica. Tampoco tienen una lavadora, a veces se quedan sin gas por no tener dinero para comprarlo, y para garantizar la respiración desde el ventilador necesitan el equipo Tracheostomy Tube Holder y el Allevyn Tracheostomy.

De otro lado, al preguntársele cómo estaba, Bilingo respondió con hablar pausado: “Aquí sobreviviendo. No es fácil lo que yo paso”, aunque se mostró agradecido con Dios por las oportunidades de vida que ha tenido y extendió su agradecimiento a la comunidad de su Parroquia Santísima Trinidad, el municipio y aquellos que les han tendido una mano cuando lo han necesitado. Por su parte, su esposa Lula, quien lo cuida 24/7, afirmó con esperanza en su rostro: “Estamos en las manos de Dios”. ■

(Para cooperar llame a Cáritas de Puerto Rico al 787-300-4953 o envíe su donativo a: P.O. Box 8812, San Juan, Puerto Rico, 00910-0812).

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