Un Papa con olor a ovejas, a misericordia, a buenos líos, a misión, a Latinoamérica y periferias existenciales, sociales y hasta geográficas. Esos olores caracterizaron al pontificado de Francisco desde aquel 13 de marzo de 2013 cuando fue elegido y pronunció ante la multitud en la Plaza de San Pedro un simple “hermanos y hermanas, buenas tardes”, hasta el 20 de marzo -Domingo de Pascua- en su última aparición pública ante otra multitud en el mismo lugar cuando dijo “queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Pascua!”. Al siguiente día, el mundo entero se consternó ante la noticia de su fallecimiento.
Tuve el privilegio de estar cerca del Papa Francisco en varias ocasiones en las calles y plazas al cubrir los viajes apostólicos del Papa Francisco a Cuba (2015) para El Visitante y a México (2016) con un proyecto para ADN CELAM. También participé como parte del equipo de comunicaciones que organizó y comunicó la JMJ desde Panamá (2019). Y cubrí las canonizaciones de Madre Teresa de Calcuta (2016) y de Pablo VI y Mons. Romero (2018) en Ciudad Vaticano para este semanario que lleva medio siglo de fiel misión. Resumir su pontificado es muy complejo.
Unos elementos indispensables del Papa Francisco fueron la búsqueda constante de sus ovejas desde donde se encontrasen, la defensa de los pobres, la promoción de la justicia social, los derechos humanos y la lucha contra la auto referencialidad que provocan habitar solamente en las cuatro paredes del templo. Por ello aquella frase: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG, 49).
Consecuente a esto, invitaba a una vivencia de la fe expresada en clave de verbo, en acciones concretas hacia el prójimo. De ahí surgieron los términos “misericordiar” y “primerear” que marcaron su papado. No fuera que la fe o la misericordia se quedasen en conceptos.
Es cierto que Francisco fue un defensor férreo de la reconciliación, los pobres y de una diplomacia para tender puentes que favorecieran a los más vulnerables y las víctimas de conflictos que suelen ser los pobres. Guardando ese mismo espíritu, visitó Cuba (2016) -y otros países- para promover la esperanza dar un respiro a la Iglesia caribeña del pueblo hermano cubano.
Fue un Papa que enfatizó en la misericordia al convocar el Jubileo de la Misericordia en el 2016. En ese contexto canonizó a Madre Teresa de Calcuta en Ciudad Vaticano y visitó tierras mexicanas donde se reunió con jóvenes, vulnerables, presos, trabajadores, comunidades originarias y migrantes. Desde inicios de su pontificado, la crisis migratoria y enfrentar los retos de la Iglesia fueron parte de sus prioridades.
Tal vez, uno de los momentos más emblemáticos de Francisco fue en el 2018, cuando celebró la canonización de Mons. Óscar Romero y del Papa Pablo VI, dos santos que gastaron sus vidas en la lucha por edificar un mundo más fraterno y justo.
Fue un Papa que llamaba a que los jóvenes “Hagan lío, pero del bueno”, especialmente en las plataformas digitales. Por ello la JMJ de Panamá 2019, fue un semillero de inspiración para muchos jóvenes con proyectos de evangelización y catequesis para el mundo y Puerto Rico. Hablaba de la importancia de los jóvenes en la Iglesia.
Tuvo un énfasis con la misión de la Iglesia, especialmente en los países de África y en Asia que visitó en varias instancias colocando en estos continentes nuevas esperanzas en cuanto a crecimiento de fieles. Este énfasis en la misión también señaló a Puerto Rico cuando asumimos el proceso del CAM6, por el que el Papa Francisco obsequió la oración, bendijo su signo -la Antorcha de la Fe- y estuvo muy pendiente de sus pasos.
Fue un Pontífice de periferias. Todavía se encuentra fresco en mi memoria el recuerdo del Papa Francisco en la frontera entre la Ciudad Juárez y El Paso. Igual hizo lo propio en la frontera entre Venezuela y Colombia. Sus llamados sobre la crisis migratoria que lastiman los pueblos no fueron pocos.
Lo cierto es que el Santo Padre, con estilo sencillo, aprovechaba cada instante para gestar la ternura y cercanía de Dios con los pobres y enfermos. No escatimó en salir al encuentro del rostro sufriente de Cristo revelado en ellos. Su enseñanza -igual que papas anteriores- fue seguir las enseñanzas y estilo de Jesucristo. Que su ejemplo no nos deje indiferentes. Gracias a Dios por el Papa Francisco.



