Cada madre de alguna forma u otra ha sido gran influencia en la vida de sus hijos, incluyendo la de los sacerdotes y obispos. Hoy te mostramos un poco de la historia de Gloria Esther Morales Cosme, madre de S.E.R. Monseñor Alberto A. Figueroa Morales, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Juan. 

En diálogo con El Visitante, Gloria contó que Mons. Alberto “desde niño dijo que quería ser sacerdote, desde que no sabía ni hablar, que decía ‘chachendote’. Mi abuela tenía en el cuarto imágenes – de la Virgen y de santos –. Él se pasaba ahí mirando todo el tiempo, no salía del cuarto de mi abuela. Cuando íbamos a la iglesia, un día me dijo: mamacita, ¿por qué tú no me dejas aquí y yo me quedo de noche con la Virgencita sentado? Yo no me voy a salir de aquí porque van a cerrar. Yo no he visto otra vida en mi hijo”, comentó Gloria mientras recordaba la niñez de su hijo Alberto, hoy obispo. Monseñor Alberto, natural de la Ciudad de Guaynabo también funge como secretario y tesorero de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña. “Cuando estaba en la escuela, se llevaba a los amiguitos para la casa y les hacía la Misa. Las galletas era la comunión y les daba jugo de uva, que era el vino”. Así es como Gloria inmortaliza recuerdos que lleva en su memoria sobre los comienzos de la vocación de su hijo desde muy pequeño.

“Yo tengo demasiado con mi hijo, lo que muchos quisieran tener y no tienen. Él para mí es lo más grande que he tenido, igual que mi hija”. Morales igualmente es madre de una mujer profesional de la cual también se siente orgullosa. El momento en que Mons. Alberto le dio la noticia de que entraría al seminario para ser sacerdote fue de gran alegría para ella. “Conmigo no hay problema”, le respondió en aquel momento con la certeza de que su hijo estaba siguiendo la voluntad de Dios. Nunca le exigió que estudiara algo en específico, sino que le dio la libertad de escoger su propia profesión y vocación. De igual forma, el recibimiento de la noticia de que sería nombrado Obispo Auxiliar Arquidiocesano fue “una cosa extraordinaria” para Gloria y su familia, aunque en la parroquia en la que servía como párroco no querían que se fuera. Sus parroquianos lo quieren y lo recuerdan con mucho cariño por los años que estuvo allí. 

Por otra parte, Gloria Morales aprovechó la oportunidad cuando sus hijos fueron a la universidad para ella también prepararse en una nueva profesión que jamás había pensado ejercer: enfermería. Tras años de preparación universitaria, sirvió por 22 años como enfermera luego de haber trabajado como asistente administrativa previamente por otros tantos años. 

“El amor de una madre no tiene explicación. Yo con mis hijos he sido una persona que siempre estoy pendiente si necesita algo”. Sin importar su edad, Gloria continúa preocupándose por el bienestar de sus hijos. Madre al fin. 

¿Qué es lo más bonito que ha vivido como madre con su hijo siendo sacerdote y obispo?, le preguntó este semanario a Morales Cosme. “Él es un ser humano que va y da la mano. Usted tiene un hijo que no tiene comparación, yo estaba en esta necesidad y él fue quien me ayudó – le decían –. Siempre ha sido así toda la vida”. Muchas son las personas que han llegado hasta ella para contarle cómo Monseñor les ha extendido la mano de servicio. Eso es lo más bonito que ha podido vivir con su hijo, y por eso lo acompaña cada vez que puede a las celebraciones eucarísticas, confirmaciones, entre otras actividades. “El Padre celestial lo escogió para predicar su palabra, no fui yo”. 

A la pregunta de qué es lo que más admira de su hijo, contestó: “Lo que admiro de él es el amor que tiene para las otras personas. Él no puede verlos con una necesidad porque si él no lo puede hacer, busca alguna persona que le ayude. La amabilidad que tiene…” 

“Que no se opongan a eso” es el mensaje final que tuvo que dar a los padres y madres que tienen hijos con inquietud vocacional, ya sea con intereses por el sacerdocio o la vida religiosa. En la sociedad cristiana en que vivimos se impulsa mucho al matrimonio, pero Gloria recalcó a los padres: “que no se opongan”. Monseñor Alberto, además de ser sacerdote por casi 32 años, también tiene estudios en derecho canónico. Imagínense si se le cortan las alas de la vocación a los hijos… hoy no habría una historia de madre e hijo que contar como la de Gloria y Mons. Alberto. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com 

Twitter: jrodriguezev

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