El tiempo pasa y deja sus huellas profundas; lecciones que se esparcen por la mente y el corazón. Vivimos en el tiempo en medio de relojes que marcan los segundos, minutos, horas. Para el campesino, el sol imprimía la hora, el mediodía resguardado por el Ángelus. Ese minuto para saludar a la Virgen era un paréntesis para retomar fuerzas y despejar el pensamiento en medio de la dureza del trabajo y las picadas de insectos.

    Un año es un periodo corto,  pero lleno de festividades y escalofriantes momentos. Ese fragmento de la vida se convierte en pequeña huella de lo que se tiene y de lo que se es. Cada detalle de la niñez, o de la ancianidad, moldea el carácter, punza el alma, solidifica las experiencias vividas. El tiempo es didáctico para abrir horizontes y utilizarlo como plataforma de lanzamiento para abrir paso al momento de luz y de entendimiento.

    Sobre el tiempo giran todos los anhelos y proyectos de los seres humanos. Dios dispondrá ese matiz de autosuficiencia divina, como ancla en el momento histórico. Aquí y ahora tiene vehemencia, dentro de las circunstancias de paz, de temor o miedo. Ese hágase tu voluntad es vitalizado para darle sentido a la existencia, para añadir lucidez al momento difícil. 

    Es importante usar el tiempo para prolongar la fe recibida que dicta hacer el bien y hacer esta tierra más habitable. Servir es un anticipo de tiempo y eternidad, una apertura al corazón que se compadece y alivia al caído y desventurado. A través de la fe se abrevia el dolor y se logra establecer el hoy y el mañana con actitudes sanadoras y santas.

    Quedarse mirando lontananza, con el ánimo caído, es perder tiempo, ilusionarse con los vacíos emocionales. Cada día tiene lo suyo y el ser humano se hace más dueño de sí mismo en la medida en que se proyecta en las realidades efímeras con apertura a las eternales. Tratar de quemar las naves temporales para arribar a los playas luminosas constituye un espejismo, una falta de sentido de realidad.

    El año que se va nos dejó una lección viva, única, salpicado de mensajes positivos y negativos. El año que comienza ofrece una oportunidad para escribir un nuevo capítulo de hermandad y vida. Discernir es una buena palabra para probarlo todo  y quedarse con lo bueno. Esa recomendación viene atada al corazón que preside la inocencia, la alegría del corazón.

    Se vive el misterio de la vida desde la capacidad de amar en el tiempo. Amar a Dios y al prójimo es primordial para no errar, para hacer la vida más habitable y justa. Dios va con nosotros en esta asignación de vida y esperanza. Él nos dará su gracia y su luz.  

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

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