Cerrar el ciclo de la pobreza augusta, para reentrarse con los tesoros escondidos, es dar al traste con la humildad sanadora. El efecto de convivir con el Niño en extrema pobreza, no puede extinguirse ante los graneros repletos, o la dispensa multiplicadora de víveres. Antes que el apetito de tener, es perentorio incluir lo poco como retrato auténtico del “que no tenía donde recostar la cabeza”.

     El pesebre marca una constante de la vida de cada persona. Adentro, donde habita la verdad, hay vestigios de insatisfacción y pena. La increencia deja sus tribulaciones y turbulencias que son una constante en aquellos que trazaron la raya entre la providencia divina y el yo inflado de egoísmo y pretensiones. Querer pasar por la vida, sin hacer genuflexión a lo poco, es una aventura hueca, un precipitarse en el abismo de la incoherencia.

     No es que la pobreza sea puro almíbar, o que Dios se complazca en la poquedad organizada, sino que de lo poco se saca mucho, una lotería con regalo de premio mayor. Hay una vertiente luminosa en aquellos que tienen el poderío de la  multiplicación de los panes y el ritual de la espontaneidad que es pasión por encima de carbones encendidos sin quemarse. Lo que los estrategas definían como perdidos en la  favela, lo contradecían los osados de la actitud victoriosa.

     Una mirada a la justicia en diálogo a gran escala que sacará a flote los anhelos íntimos de aquellos que representan una mayoría en el mundo. Los emigrantes, los descartados, los que desafían la nieve en New York, tienen un regazo en la Iglesia, son respaldados y queridos por el Señor Jesús que murió por todos, especialmente por los sufridos y abatidos.

     El desinterés por el problema de la pobreza en Puerto Rico ha creado la pandemia de los crímenes, la vida loca. La mente débil propicia lo fácil y se enreda en efímeros proyectos irreales y en conjeturas de corte asistencial. Se prefiere la dependencia o valerse por sí mismos, a ser artífices de su propio destino. Así se abre la actitud consumista, contentarse con tener cosas.

     No se puede vivir columpiando el hoy y el mañana sobre ilusiones y cantos de sirena. El aprecio por el trabajo es básico y la determinación de dominar la tierra va unida a una actitud de superación, a un esfuerzo de poner el hombro para lograr crecer en la virtud y en la mentalidad altruista y positiva.

     Mantener una actitud reverente ante el pesebre equivale a luchar por la justicia y abrir paso a la igualdad que pone freno a lo negativo y dañino. Es tarea de todos, pues la hermandad clama por la vivencia de lo digno y lo noble para así evitar las revoluciones y la guerra.

     El pesebre de Belén incorpora lo que somos y tenemos. No hay plenitud si se cae en las garras de la impunidad y la lucha de clases. Equilibrar ser y tener será dar un paso adelante, una manera de enriquecimiento en el amor de Dios.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

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