Observar a Servidores del altar realizando tan importante labor en las liturgias de las comunidades seguramente despierta ternura por tal entrega. Esa es la historia de cuatro primos entre 8 y 11 años que ofrecen su servicio cada domingo… y cada vez que tienen oportunidad, pues motivan a sus padres a asistir a misa diaria para servir.

Los hermanos Miguel Ángel Gaudier Rivera, de 11 años y Gema Rubí, de 9, iniciaron sus pasos en la parroquia San Antonio de Padua en Río Piedras. Con tímido acercamiento, pero con gran atención, cada domingo observaban la labor de otros niños y jóvenes que ayudaban en el altar. Esto despertó en ellos una curiosidad que a partir de septiembre del pasado año descubrieron.

“Lo que me motivó a servir en el altar… ¿cómo te explico? Ver a los demás monaguillos servir. Me pregunté cómo podía también estar ahí. No podía quedarme sentada. Tenía que hacer algo y quería servir a Dios”, explicó Gema con emoción en sus palabras. Por su parte, Miguel no estaba muy motivado en un principio, pero quiso acompañar en esta experiencia a su hermana menor. Después de su primer día de servicio todo cambió. “Lo que me asignaron en mi primer día yo no lo quería, pero luego aprendí y me animé. Sentí que Dios me decía: ‘Tú eres mi amigo. No te rindas’”, expresó Miguelito, como mejor lo conocen.

Pocos meses después y motivados por el ejemplo de sus primos se unieron en el servicio del altar, Adriana Angely Vargas Rivera, y Alejandro, de 10 y 9 años, respectivamente. “Lo que me impactó cuando comencé a ser monaguillo es que mi corazón se aceleró. Me puse nervioso porque no lo sabía todo, pero he ido aprendiendo a servir a Dios”, describió Alejandro. Mientras, Adriana mencionó que su motivación fue: “Haber visto a mis primos sirviendo y quería ayudar”.

Ambos pares de hermanos, de raíces humildes, brindan su servicio en la misa de 11:00 de la mañana cada domingo. No ocultan que en ocasiones es difícil llegar a un acuerdo para repartir las funciones litúrgicas entre ellos, pues coinciden en querer tocar la campana o manejar el Libro de la Sede, pero hay trabajo para todos. “Son chicos con liderazgo admirable. Es una riqueza contar con un servicio tan atento en nuestra comunidad”, destacó el párroco, Fray Ramón “Jimmy” Casellas, OFM Cap.

Para Adriana y Gema su modelo favorito es la Virgen María, mientras para Alejandro es San Francisco de Asís y para Miguel, es San Antonio de Padua. El tiempo litúrgico que más disfrutan es la Navidad. Unánimemente el ofertorio es uno de los momentos más preciados, pues es en esta parte de la misa que hay mayor acción ayudando al sacerdote a preparar el altar.
Por otro lado, estos servidores no ocultan en su escuela su función en la iglesia. “Una vez había que escribir un cuento para la clase y yo lo hice sobre los monaguillos”, reveló Miguel quien añadió que a principio, sus compañeros se burlaban porque no sabían lo que significaba ser monaguillo hasta que les explicó.

Para los padres de Miguel y Gema, Yadira y Miguel; así como para los de Adriana y Alejandro, Angélica y Alex es una bendición que sus hijos puedan servir tan cercanos en el altar. A veces es un reto mantener el balance entre los estudios, la iglesia y otros compromisos, pero es posible”, manifestaron.

Finalmente, Gema tomó la palabra para motivar a niños y jóvenes que deseen servir en el altar: “El mejor trabajo que puedes hacer es servir a Dios”, mientras los demás afirmaban muy conscientes de su rol, haciendo evidente que su presencia en el altar es la ternura convertida en servicio. ■

Jonathan Colón Hernández
Para El Visitante

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