En el Evangelio de hoy, Jesús nos conduce al corazón mismo de su mensaje. No viene a abolir la Ley ni los Profetas, sino a darles plenitud. Esa plenitud no se alcanza con un cumplimiento exterior, sino con un corazón transformado. Jesús va más allá de lo que se ve: no basta con no matar, hay que sanar la raíz de la ira; no basta con no cometer adulterio, hay que purificar el deseo; no basta con cumplir juramentos, hay que vivir en la verdad.
Este llamado profundo solo se comprende desde la oración. Sin oración, las palabras de Jesús pueden parecernos exigentes o incluso imposibles. Con oración, se convierten en camino de vida, porque el Señor mismo va moldeando nuestro interior. La oración enciende el corazón, lo purifica, lo unifica, y nos capacita para vivir una justicia mayor: la justicia del amor.
En esta Etapa de la Oración, la Iglesia nos recuerda que la conversión auténtica comienza dentro. Orar no es huir del mundo, sino permitir que Dios transforme nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras relaciones. Cuando oramos, aprendemos a reconciliarnos, a custodiar la dignidad del otro, a hablar con verdad y a vivir con coherencia. Así, la oración fortalece nuestra misión, porque un corazón reconciliado se convierte en testimonio creíble del Evangelio.
Este domingo lo vivimos también en el marco del Jubileo Mariano, contemplando a María, mujer de corazón unificado. En ella no hay doblez ni división: su “sí” es íntegro, transparente, fiel. María nos enseña que la verdadera obediencia nace de la escucha orante y que la Ley de Dios se cumple cuando se acoge con amor. En su corazón orante, la Palabra se hizo carne; en nuestro corazón orante, la Palabra quiere hacerse vida y misión.
Pidamos al Señor que, como Iglesia peregrina, aprendamos a orar con sinceridad, para que nuestra fe no se quede en lo exterior, sino que transforme nuestras decisiones diarias. Que María, Madre y Modelo de oración, nos acompañe en este camino jubilar, para que con un corazón encendido por el Espíritu, vivamos y anunciemos el Evangelio con alegría y coherencia.



