El amor como abono perfecto para el jardín de la misericordia

Dios nos hizo seres gregarios que, impulsados por el amor, sembramos a lo largo de nuestra vida para cosechar la misma misericordia divina que Jesús les promete a todos sus hijos (as). “Todo tiene comienzo en tu misericordia y todo termina en tu misericordia” (Diario 1506). Muchas de nuestras acciones están basadas en el afecto y en el amor, ya que reconocemos que sus resultados son alentadores, hermosos en el alma y espíritu tuyo y mío.  

Todos necesitamos amor. Por eso, no debemos dejar de lado a nuestro Dios, que es un Dios de amor, y que no se cansa de creer en nuestro potencial de transformación para extender su mensaje de fe. Nuestro dogma no es uno árido ni infértil, es de fe, cuidado, amor, atención, respeto y que nos acerca a Dios. “Cuanto más conozco a Dios tanto más me alegro de que Él sea así. Y gozo inmensamente de su grandeza y me alegro de ser tan pequeña, porque por ser yo tan pequeña, me lleva en sus brazos y me tiene junto a su corazón (Diario 779)”.  

El mejor ejemplo cotidiano para reflexionar sobre este tema es el tema de la siembra y la cosecha. ¿Han contemplado la misma? Tanto las semillas como su cosecha conllevan responsabilidad. El sembrar conlleva etapas de formación y de espera, no muy distinto a nuestra vida espiritual. En ocasiones, Jesús entiende que queramos ver la cosecha o ese hermoso jardín, pero hasta que no estemos listos, no se dará. Al igual que las flores que conforman un jardín, nuestro espíritu trasciende y madurará en la fe cuando esté preparado. Este ejercicio es de día a día y debemos pedir fortaleza, firmeza y discernimiento, porque muy bien decía Papa Francisco, “no podemos ser católicos tibios”. 

El sembrar pequeñas semillitas y luego de varios meses ver el resultado de cosechas consagradas y alimentadas por nuestro Padre, es un verdadero milagro. Las semillas seguirán siendo semillas. Está en nosotras saber qué hacer con las mismas dándole un cuidado y trato especial. Al final del día, deseamos ver en esa semilla: su adaptación, crecimiento y el hacerse notar para la gloria de Dios en la vida de quienes tocamos. En cierta medida, es como un acto lleno de simbolismo, porque cuando la semilla es ese gesto o acción lleno de misericordia para el prójimo y para nuestra Iglesia, sabemos que este efecto repercute con felicidad, amor y una sonrisa.  “Mi amor no desilusiona a nadie”. (Diario, 29).  

Ciertamente, el sembrar y cosechar también fue parte de la vida de Santa Faustina. Faustina sembró, pero Jesús y María abonaron y cosecharon con ella. ¿Han meditado en como la misericordia y el amor es tan grande que nos permite construir y contemplar un jardín? Ella sabía que las semillas brindan una felicidad inmensa a través de la insondable misericordia de Jesús y lo contemplaba a través del amor puro plasmado en las promesas de Jesús de la Divina Misericordia. Por eso, nuestra siembra debe ir acompañada con amor. 

Santa Faustina nos enseña que sin importar cuan árido estén los terrenos con los que nos encontramos, el sembrar esta semilla se vuelve un propósito de vida que va creciendo a la par con nosotros y nuestra fe. Sin embargo, siempre recuerden, que el amor es el abono perfecto.  

“La misericordia es la flor del amor (Diario 651) o una acción del amor”. Y es que sepan que al igual que Santa Faustina, ella conoció de primera mano este amor y su corazón contrito se asombraba porque era un amor sin límites. “Solamente el amor entiende el encuentro y la unión entre estos dos espíritus, es decir Dios espíritu y el alma de la criatura. Cuanto más lo conozco, tanto más me sumerjo en Él con todo el poder de mi ser” (Diario 729).  

Proclamar la misericordia, es proclamar el amor mismo, siendo así Jesús la semilla por excelencia y el abono perfecto para nuestro jardín. De esta manera, vamos a florecer en las fuerzas de Jesús, no en las nuestras. El amor y la misericordia son nuestras semillas principales para un apostolado de servicio activo.  “Amo a todos los hombres porque veo en ellos la imagen de Dios” (Diario 373). Recuerden sembrar amor y cosechar misericordia. 

¡Que Santa Faustina interceda por cada uno de nosotros y del mundo entero! Hagamos eco de esta cita del Diario de Santa Faustina acerca del amor: “El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción. Es un acto de la voluntad, es un don, es decir, una donación” (Diario 392). Santa Faustina, ruega por nosotros.  

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