Ocho siglos después de su tránsito al Padre, San Francisco de Asís vuelve a interpelar al mundo no con palabras, sino con el silencioso testimonio de su propio cuerpo. Con motivo del octavo centenario de su muerte (1226–2026), la Iglesia ha dispuesto unaexhibición extraordinaria de sus restos mortales, invitando a los fieles a contemplar de cerca la huella concreta de una vida vivida radicalmente según el Evangelio.
San Francisco murió la tarde del 3 de octubre de 1226, en la Porciúncula de Santa María de los Ángeles, rodeado de sus hermanos. Tenía apenas 44 años, pero su fama de santidad se había extendido ya por toda Italia. Precisamente por ello, tras su muerte surgió un temor muy concreto: que su cuerpo fuera robado o dividido en reliquias por ciudades que deseaban apropiarse de su prestigio espiritual.
Cuando el papa Gregorio IX mandó edificar la gran basílica en su honor, el cuerpo del santo fue trasladado solemnemente en 1230 a Asís. Sin embargo, para protegerlo, fue ocultado en un lugar secreto, cuya ubicación exacta no quedó consignada en los documentosde la época. Durante casi seis siglos, los peregrinos veneraron la memoria del santo sin saber con certeza dónde reposaban sus restos.
No fue sino hasta 1818 cuando, tras cuidadosas excavaciones bajo el altar mayor de la Basílica Inferior, se encontró finalmente el sepulcro original de San Francisco. Desde entonces, su cuerpo descansa en la cripta, en un espacio sobrio y austero, plenamentecoherente con el espíritu del Poverello, que en vida rechazó todo privilegio y ostentación.
La exhibición extraordinaria de los restos del santo no responde a un afán de curiosidad ni a lo espectacular. En la tradición católica, el cuerpo de un santo es signo y testimonio: fue templo del Espíritu Santo, instrumento de caridad y lugar donde se encarnó la gracia.
Contemplar el cuerpo de San Francisco es recordar que la santidad no es una idea abstracta, sino una vida concreta, marcada por la pobreza, la fraternidad, la obediencia y la identificación con Cristo crucificado. En un tiempo herido por el individualismo y la pérdidade sentido, su cuerpo sigue anunciando la esperanza de la resurrección y la primacía de lo esencial.
Con motivo del centenario, se ha establecido un periodo preciso para la veneración pública del cuerpo de San Francisco. Del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, los restos del santo serán trasladados desde su tumba en la cripta y colocados a los pies del altar papal de la iglesia inferior de la Basílica de San Francisco en Asís, permitiendo una contemplación más cercana por parte de los peregrinos.
Este tiempo coincide providencialmente con el inicio de la Cuaresma de 2026, subrayando el carácter penitencial, contemplativo y pascual de la experiencia. Debido a la gran afluencia esperada, el acceso no será libre: es obligatorio reservar previamente un boletogratuito a través del sitio web oficial del centenario (sanfrancescovive.org). La organización ofrece dos modalidades de visita.
No es la primera vez que los restos de San Francisco son mostrados de manera extraordinaria, pero sí se trata de un acontecimiento excepcional y poco frecuente, reservado a momentos de especial relevancia histórica y espiritual. La prudencia de la Iglesia en esteaspecto refleja el profundo respeto hacia la figura del santo y su mensaje, que nunca quiso atraer miradas hacia sí mismo, sino conducirlas siempre a Cristo.
Ocho siglos después, San Francisco no deja bienes ni herencias materiales. Deja, una vez más, su vida entregada. Su cuerpo, humilde y silencioso, sigue predicando lo mismo que anunció en vida: que el Evangelio vivido sin reservas transforma el corazón del hombre y renueva el mundo. Asís vuelve a ser faro. Y Francisco, incluso desde la muerte, continúa siendo hermano, testigo y profeta para nuestro tiempo.



