Muchos han quedado impresionados por la presencia de una religiosa dominica de Fátima en el programa Master Chef Latino que se transmite por la cadena Telemundo. Ella es Sor Juliana Cruz Santana, O.P., natural del pueblo de Las Piedras y directora del Instituto de Desarrollo Integral del Individuo, la Familia y la Comunidad (IDIFCO) en la comunidad de las Indieras en Maricao.

Lo cierto es que Sor Juliana intentó por todos los medios escabullirse, pero “el plan de Dios era mayor”. La iniciativa ciertamente era una oportunidad invaluable de nueva evangelización; una forma innovadora de llevar la Buena Nueva con ardor y un método no convencional. Desde la competencia de cocina y con el testimonio de su presencia hizo a muchos recordar su fe. Fue entonces que participó del castin y preparó el famoso arroz con gandules y lomo de cerdo.

“No tengo 50 años como dice la prensa, tengo un poquito más (risas). La cocina siempre me ha gustado, desde niña y no exagero. Vengo de una familia numerosa. De 16 hermanos quedamos 12. Dentro de la tradición familiar, luego de cumplir cierta edad todos teníamos que asumir ciertas tareas en la casa. Ya desde niña, desde los 8 años tenía mi responsabilidad en la casa. Me ponían a hacer chocolate, a los 9 comencé a hacer arroz y así fui aprendiendo”, dijo la religiosa que cuenta con 35 años de vida consagrada.

Sus grandes maestras fueron su madre y sus hermanas, en campo adentro en el Barrio Montones IV de su natal Las Piedras. Sus padres eran agricultores y por esto, aprendió a cocinar con una vasta variedad de ingredientes producto del fruto del trabajo de la familia en el huerto y la finca. Esto le dio la experiencia de conocer, degustar y cocinar con los sabores, maduración exacta y tiempo de cosecha de cada vegetal, vianda, fruta o condimento.

¿Cómo surge su vocación?

Resumió su vocación religiosa en tres palabras: “Es una bendición”. Proveniente de una familia donde se practicaba la fe y los valores, la pequeña Juliana creció no solo en estatura sino en el amor a Dios. La capilla del Barrio Montones IV, quedaba a 5 minutos de la casa. Relató que acompañaba a los sacerdotes a la misa y a las visitas en la comunidad. En la casa se le preparaba una cena luego de la misa. En aquel tiempo la carretera no estaba en buen estado y los sacerdotes y religiosas que visitaban tenían que pasar un tiempo en la comunidad.

Juliana era muy trabajadora en su juventud y antes de cumplir la mayoría de edad quería trabajar para ayudar la familia. Así se fue a laborar en una fábrica de electrónicos a los 17 años. Al cabo de un par de años decidió ir a una misión y retiro de los Hermanos Cheo. En Peñuelas, en la casa de retiro de los Hermanos, una anécdota de una joven que agonizaba y murió en un accidente le cambió su rumbo. En la anécdota relataron que ella dijo: “No tengo nada que presentarle al Señor”. Eso le caló hondo a Juliana y se dijo: “No quiero ser como esa joven. No solo quiero presentarle mis manos, sino mi vida completa al Señor”.

El siguiente fin de semana, en la capilla de su amada comunidad estaban las Hermanas de Fátima haciendo promoción vocacional y con la voluntad férrea que siempre la ha caracterizado les dijo: “Yo quiero ser una monjita como ustedes”. Explicó que las Hermanas no le creyeron, desde entonces han pasado más de 35 años de arduo trabajo en pueblos como: Arroyo, Sabana Grande, Aibonito, Guánica y Maricao.

Lo cierto es que Sor Juliana se ha dedicado como religiosa a trabajar con la comunidad, especialmente en los centros IDIFCO. En Guánica laboró por 13 años y en Maricao, donde actualmente se encuentra, por unos 3 años. Con gran alegría explicó que ha sido un privilegio y una bendición trabajar con tantas hermanas religiosas, familias hermosas, comunidades y sacerdotes.

Sor Juliana aprovechó la ocasión para agradecer al pueblo puertorriqueño y a su congregación de las Hermanas Dominicas de Fátima por todo el cariño y apoyo recibido durante la competencia de Master Chef Latino. En el siguiente artículo, Sor Juliana relata el detalle evangelizador que preparaba y entregaba a sus compañeros, algunas anécdotas increíbles en los pasillos del programa, su sentir sobre la crítica de su plateo, de la comunidad de las Indieras en Maricao y habla de su mayor secreto en la cocina.

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