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(PRIMERO DE DOS PARTES)

Con tan solo 11 años, la niña Greiza María, natural de Orocovis, sintió el llamado de Dios. Para ese entonces, estudiaba en el Colegio San Juan Bautista del mencionado pueblo, dirigido por las hermanas salesianas, quienes fueron claves en su encuentro con Dios. 

“Ellas nos inculcaban mucho la devoción eucarística, animándonos a acudir con frecuencia a la capillita del Colegio para visitar a Jesús en el Sagrario y ‘que no se quedara solito’ (así nos lo decían ellas). Yo comencé a hacer ‘pequeñas’ visitas a Jesús, pero pronto esas ‘pequeñas’ visitas pasaron a ser ‘grandes’ visitas, pues Jesús había cautivado mi corazón. Allí, delante de Él, conocí lo mucho que me amaba, pero su amor fue más allá de lo que yo me hubiese imaginado”, contó Sor Greiza María del Inmaculado Corazón y de la Trinidad, nombre de religiosa del Monasterio Carmelita de San José, en Trujillo Alto. 

“A través de una cita bíblica (Isaías 54,10) que colocaron un día en la capillita en un banderín, me dejó saber el Señor que Él me amaba… pero con amor de esposo. Me impactaron las palabras ‘…dice el Señor, que está enamorado de ti’. Yo nunca pensé que Dios podía enamorarse de mí, pero así era. Ese amor me hacía desear cada vez más la soledad con el Señor, más oración, más silencio”, describió la monja sobre su experiencia a tan corta edad.

La joven, actualmente con 25 años, lleva casi seis en el Monasterio, y dos de haber hecho la profesión simple (o temporal) de castidad, pobreza y obediencia, en la orden. El pasado 21 de mayo renovó sus votos. Sor Greiza entró como postulante a la orden un 29 de septiembre de 2018, a sus 20 años recién cumplidos, pero llevaba visitando el lugar desde los 16, comenzando formalmente su proceso de aspirantado a la edad de 17. 

La religiosa explicó que el término simple o temporal indica la etapa de juniorado en la que se encuentra, consagrada a Dios por la profesión religiosa pero aún se encuentra en etapa de formación inicial. “Es por eso que los votos se renuevan cada año y permanezco aún en el noviciado. Luego de aproximadamente cinco años se hace la profesión solemne, quedando así totalmente integrada a la comunidad y a la Orden Carmelita”, expresó Sor Greiza, quien creció en un hogar de cuatro miembros, papá, mamá y hermana menor.

Sor Greiza María mencionó a El Visitante que en su casa nunca le propusieron la vida religiosa como una opción real de vida, así que nunca le dio mucha importancia al principio. “Pero me sucedía que cada vez que escuchaba la palabra ‘religiosa’ o ‘monja’ el corazón me latía muy fuerte y sentía dentro de mí una muy profunda intuición de que Dios me quería religiosa, y eso me daba mucho miedo”, describió. “Yo solía decir: ‘¡No, no seré monja! Puedo ser santa sin ser monja’”. 

Sin embargo, declaró que cuando comenzó la escuela superior dejó que le invadiera el miedo a tal punto que su vida de fe se enfrió muchísimo. “Trataba de acallar la voz de Dios y llenaba mi corazón de distracciones solo por sofocar esa llamada del Señor, pero era cada vez más fuerte”, recordó. Estuvo en ese estado desde los 14 años hasta los 16. 

Rememoró que, al sentir el vacío tan grande en su corazón por la falta de Dios, volvió a Él como el hijo pródigo y le pidió que le dijera lo que quería de ella y que lo haría. “Surgió de nuevo, aún con más fuerza, la convicción de que la vida religiosa era para mí. Creí que sería salesiana, pues eran las únicas religiosas que conocía, pero Dios tenía otros planes”, dijo, quien luego conoció el monasterio de manera incidental, cuando conducía con su mamá por el área y observó las torres del monasterio a lo lejos y el letrero de “Monjas Carmelitas” y quiso entrar para conocerlas. 

“Desde que puse un pie en este Monasterio no tuve duda de que aquí me quería Dios. Fue una gracia muy especial de la Santísima Virgen. Así que, desde ese día, aquí estoy”, indicó la joven religiosa. 

Marielisa Ortiz Berríos

Para El Visitante