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El nombre lo inventó el papa Francisco del italiano ‘in dietro”, cuando pronunció recientemente un discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional en Roma. Significa “los que van hacia atrás, los anclados en el pasado”, que quieren presentarse como fieles de veras a la Tradición, la que sí es capital en la Teología Católica. Se llaman ‘tradicionalistas’, queriendo significar así, contra los ‘modernistas’. Estos ‘predicadores católicos’ (he visto dos, que apenas puedo aguantar hasta el final) son laicos con formación. Y con buena voluntad quieren defender la doctrina de la Iglesia “que es la única verdadera”. Pero no basta con la buena intención.

Son personas ancladas en el pasado, no abiertas a una comprensión ulterior más profunda de lo mismo, que sigue siendo fiel a la Tradición. Olvidan una doctrina muy importante, tanto para interpretar el mensaje bíblico, como la enseñanza oficial de la Iglesia, avalada por teólogos junto con el Papa y sus obispos: La Gradualidad. Que no significa que lo de antes se cambia, sino que hoy entiendo la misma enseñanza más profundamente; pero sigue siendo aquella misma verdad. Es como el niño que aprendió matemáticas en sexto grado, pero la comprende y aplica mejor cuando ya entra en Algebra u otras materias de avance. “Dos más dos” siguen siendo cuatro, pero ahora profundizo mejor.

Por eso el Papa dice que en realidad ellos no son verdaderos custodios de la Tradición, sino que se quedaron atrás en su interpretación y comprensión de esa misma tradición. Su frase es fuerte: son “vivos con una fe muerta”. Su otra frase es maravillosa: se trata de lograr la ‘Fidelidad Creativa”. Frase que ya anteriormente el Superior General de los Jesuitas había utilizado para hablar de seguir a San Ignacio, no obrando como él en su concreción del siglo 16, sino como hoy haría. Curioso; ¡hoy oí a uno de esos que el 90 % de los Jesuitas son de los errados modernistas!

Algo que me molesta en el mensaje de estos predicadores tan bien intencionados es que, sin darse tal vez cuenta, imitan la conducta de los fariseos con Jesús. Ellos le espiaban para encontrar algo de qué acusarlo, como lograron al final ante Pilatos. Y estos de hoy rebuscan discursos y actuaciones del papa para encontrar, con mentalidad antigua, sus crasos errores, como que si para comulgar solo falta el vestir el traje nupcial del Apocalipsis, ¿pero dónde está el confesarse, el ayuno, el vivir según la Iglesia? Lo que falta es que lo acusen de hereje (y alguien supuestamente preparado lo ha expresado). Para ellos el catolicismo es la verdad (eso no se niega), pero el que no acepte esta verdad ya está en camino de condenación. Le falta por expresar lo que antiguamente alguien con la frase “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, tesis expresamente condenada entonces. Alegan que la entrega sexual de los esposos tiene que ser totalmente natural, ni siquiera eso del método Billings; que venga lo que el Señor quiera”. Y la misa en latín es la sagrada, no eso de ahora…

Atacaron como inmoral el vacunarse contra el covid, ese “piquete”, es su expresión. No importa que el Papa afirme que no hay nada inmoral, y que él mismo se vacunó junto con el Papa emérito Benedicto. Son más papistas que el papa. Mejor, entonces, que se ofrezcan como el Maestro Universal, que es la función papal. Aún no se atreven a afirmar que Francisco no es verdadero papa, aunque expresan es el peor papa y que el Vaticano II es Concilio de la Iglesia, pero tiene ‘algunas cosas’ que no son católicas. En fin, me desahogo. Admiro su celo apostólico. Pienso que es ese ‘fervor indiscreto’, que san Ignacio califica como ‘ardid de Satanás’ para sacarte del verdadero servicio divino. Espero que alguno de sus devotos seguidores lea esto. Y que el Espíritu divino le ilumine con su misericordia.

Padre Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante