Getting your Trinity Audio player ready...

LA HEMOGLOBINA FUE UN VÍNCULO ENTRE JESÚS Y MARÍA

Durante el fin de semana de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María meditaba, en cómo estaban unidos esos dos Sagrados Corazones. ¿Habría algo además del amor y la genética? Entonces recordé datos de la sangre que aprendí en la Escuela de Medicina.

Durante la gestación, la mujer embarazada y su bebé intercambian todo tipo de sustancias, tales como fluidos nutritivos, moléculas relacionadas con la respuesta inmunitaria y gases como el oxígeno. La madre respira por ambos. 

La hemoglobina fetal, también conocida como hemoglobina F (HbF) es la hemoglobina que corre en las venas del bebé durante el embarazo. Posee una característica importante para que el hijo sobreviva, ya que tiene la capacidad de capturar el oxígeno de la madre y transportarlo al bebé más fácilmente. Esto permite que el bebé que no respira tenga suficiente oxígeno para sobrevivir durante la gestación. 

Durante el embarazo ocurre una pequeña transfusión de sangre del feto a la madre, es decir, las sangres y las hemoglobinas de ambos se entremezclan a través del órgano que llamamos la placenta. Esto no produce complicaciones en la madre. La cantidad que se transfunde es de 15 mililitros de sangre, que es el volumen de una cucharada aproximadamente. Podemos visualizar entonces que la sangre del Niño Jesús cruzó la placenta y corrió por las venas de la Virgen Madre. ¡Qué divino vínculo entre el Creador y Madre terrenal! 

Además, durante el embarazo, la madre y el feto se transfieren células que pueden permanecer en los organismos tanto de la madre gestante como el del hijo durante toda la vida. A esto se le llama microquimerismo. Las consecuencias de este fenómeno se siguen estudiando. Entonces, sabemos que Jesús y María compartieron células durante el embarazo. Me pregunto si esas células de Jesús repararon la herida del corazón herido por una espada (cf Lc 2, 35). O si las de María repararon la herida del Sagrado Corazón de Jesús traspasado por una lanza (cf Zac 12, 10) (cf Jn 19, 37).

La Virgen compartió con Jesús oxígeno y células durante el embarazo. La Virgen fue asunta en cuerpo y alma al Cielo. Propongo que este intercambio de sangre y tejidos sea parte de las razones por las cuales la Virgen no conoció la corrupción. Pues profetizó el Salmista: “No dejarás a tu siervo conocer la corrupción” (Sal 16, 10). La Sangre del Inmaculado Corazón de María se mezcló con la de Jesús. 

¿Cómo nosotros podemos compartir esa Sangre y ese Cuerpo de Jesús que habitó en María? Acercándonos a los Sacramentos. Jesús está realmente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía. Cuando comulgamos todo Ello pasa a nuestra sangre. En la Eucaristía estamos unidos al Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Además, resucitaremos y viviremos según su promesa (cf Jn 6, 50-57).

Dr. Natalio Izquierdo

Para El Visitante