Un amigo que rompió su sociedad profesional con un colega, me preguntó: ¿Cómo lo perdono?” Le dije: “Cada vez que recuerdes algún daño que te haya hecho, le dices en tu imaginación: -por esto te perdono-.” Y así repetidamente hasta que emocionalmente te sanes.

Por otro lado, hay que sanar espiritualmente. Le expliqué que: “Habrá juicio sin misericordia para quien no ha sido misericordioso.”  (cf St 2, 13) “Es una buena razón para practicar la misericordia y el perdón,” le dije. Le expliqué que: “Jesús en el Padrenuestro nos enseñó a rezar: “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.”” (cf Mt 6, 12) En otras palabras, seremos perdonados, en la medida que perdonemos los demás.

El tema del perdón y la misericordia, me recordaron la sexta promesa de Jesús a los devotos de su Sagrado Corazón: “Los pecadores encontrarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia”.

La misericordia de Cristo fue predicha por el Salmista: “…Porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia” (cf Sal 129, 7)

En la tierra, el Corazón de Jesús estaba lleno de misericordia hacia todos.  Recordemos cómo Jesús perdonó la mujer pecadora que entró en el banquete en casa de los fariseos y lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, los ungió con perfume y los secó con sus cabellos. (cf Lc 7, 36-50) También perdonó el “Buen ladrón” colgado en la cruz contigua, a quien prometió estaría con Él en el Paraíso. (cf Lc 23, 42-3) Aprendamos a perdonar los demás, para ser perdonados.

Aunque sientas que tus pecados son muchos, recuerda que, donde “abundó el pecado, abundará más la gracia y por ende la vida,” como nos explica el Evangelista (cf Rom 5, 20-21) Vuelve como el Hijo Pródigo a la casa del padre a buscar el perdón. (cf Lc 15, 1-32) Recuerda que el Sacramento de la Reconciliación fue instituido por Cristo: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados.” (cf Jn 20, 23; Mt 18, 18) El Sagrado Corazón de Jesús nos promete que su misericordia es infinita. ¡No tengas miedo y cuida tu espíritu como cuidas la salud del cuerpo! Los Sacramentos nos sanan.

Finalmente, Jesús en su humanidad glorificada en el cielo, sigue teniendo misericordia sin límites desde el Cielo, “viviendo siempre para interceder por nosotros.” (cf Heb. 7, 25)

Natalio Izquierdo, MD

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here