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Testimoniar la fe con la propia vida será siempre uno de los medios de evangelización más efectivos. Así lo hicieron 73 parejas de matrimonio que quisieron decir con la renovación de sus votos matrimoniales que Dios es la roca sobre la que se sustenta el matrimonio cristiano, que el Sacramento es gracia y bendición, que comprometerse y ser fiel es posible, y que la belleza del matrimonio no es una verdad que dicte la moda o los criterios de este mundo.

El evento se llevó a cabo el pasado viernes, 11 de noviembre a las 6:30 p.m. en la Parroquia Sagrada Familia de Corozal, durante la Santa Misa presidida por el P. Lisímaco Hincapié Ramírez, párroco, acompañado por el vicario parroquial, Revdo. P. Mario Blanes y el Revdo. Diác. Oscar Torres.

Las parejas que fueron a renovar sus votos tenían 25 años o más de alianza matrimonial.

El pasaje del Evangelio elegido para la ocasión fue el de las bodas de Caná. Desde ahí el P. Lisímaco desarrolló la homilía, invitando a contemplar el papel de la Virgen María y el modo en que puede ella colaborar con su intercesión a la vida matrimonial y familiar. Por eso, se refirió a María Santísima como “la mejor aliada para un matrimonio fuerte, bello y fecundo”.

El presbítero, como haciendo un recorrido por la lectura evangélica, destacó la importancia de invitar a María a la vida de los esposos, pues con su delicadeza se da cuenta de las necesidades y, ante ellas, no permanece indiferente, sino que indica el único camino: Cristo que, siendo Dios, cuando da, da siempre en abundancia.

“El milagro produce, a partir de la escasez, una sobreabundancia de vino, de alegría. El amor transformante de Cristo nos saca de la estrechez y, en cierto sentido, nos obliga a dar a otros de lo mismo que ha llegado a nosotros”, explicó, al tiempo que señaló el servicio como fruto de esta acción de Dios. Por eso: “¡Cuánta unidad surge en el matrimonio cuando los dos sirven al Señor!”, aseguró.

Además, indicó que frente a todas las amenazas que bordean la vida matrimonial y familiar, la respuesta será siempre poner a Dios en el centro y renovar con Él las promesas matrimoniales, reconociendo, una vez más, que “el nuevo vino es mejor y, así también el amor en el matrimonio ha de levantarse de lo puramente externo y físico, a lo más profundo y generoso”. De este modo, les invitó a reflexionar: “¿Hay vino nuevo en la relación de ustedes?”.

Después de las preces, tuvo lugar la renovación de votos. Las parejas, desde sus puestos, se colocaron de frente, se tomaron las manos y volvieron a elegirse mutuamente, pronunciando las promesas del día de su boda y dando gracias a Dios por el regalo de su cónyuge. Seguido, el P. Mario, con las manos extendidas, hizo una oración por los matrimonios.

La Misa continuó y, luego de la oración de comunión, las parejas recibieron un certificado por su renovación.

De otra parte, el matrimonio con más años de vida matrimonial, presente en la celebración, recibió un obsequio de parte de la comunidad parroquial. Ellos fueron Ana Rosado y Eugenio Trinidad, con 65 años de matrimonio. Ambos son del barrio Cibuco de Corozal; tienen cuatro hijos, ocho nietos y cinco bisnietos. Ana tiene 88 años de edad y Eugenio, 95. Con simpatía y serenidad, luego de la Misa, compartieron con El Visitante: “El matrimonio es un sacramento” dijo Eugenio, a lo que inmediatamente añadió Ana: “y eso hay que respetarlo”. Continuó Eugenio: “En el matrimonio no todo es color de rosa, hay altas y bajas, pero si hay amor y hay comprensión y hay paciencia, todo se puede”.

Al finalizar la Celebración Eucarística, los presentes compartieron una comida y un bizcocho, bajo unas carpas decoradas como para la recepción de una boda.

Vanessa Rolón Nieves
Para El Visitante

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