Espera y conversión

Comienza Adviento, tiempo prominente de preparación para conmemorar: la encarnación del Hijo de Dios y prepararnos para su retorno. La Iglesia Universal y Continental además camina unida en clave sinodal. Mientras, el mundo vive la incertidumbre de varias guerras incluida la invasión rusa a suelo ucraniano que conlleva una amenaza nuclear. Ya en la esfera nacional, el faranduleo, la violencia y la corrupción reclaman la atención nacional. Lo cierto es que tanto ruido dificulta concentrar fuerzas en la conversión necesaria para responder a la preparación para Navidad; una no meramente cultural, sino profundamente espiritual. Por ello, resuena la frase bíblica “Donde está tu tesoro, allí también estará también tu corazón”, (Lc 12, 34). Y el corazón debe señalar a la conversión. 

Urge la conciencia de que esta no es un acontecimiento en solitario, como un golpe absoluto. Más bien es un proceso que se desarrolla a diario. Tal vez como un progreso que en ocasiones avanza con grandes signos y en otros momentos puede tener caídas estrepitosas. En definitiva, la conversión exige arrepentimiento, reconsiderarlo todo y ejercer las virtudes con todo el ser. Es por eso que el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación es también llamado el sacramento de la conversión. Por ello la conversión requiere una autoevaluación, una renovación y, claro, una gracia sacramental.

Muchos prepararán la Corona de Adviento y adornarán con el nacimiento sin el Niño Dios en la espera hasta la Nochebuena; que son buenas prácticas. El tiempo crecerá en alegría, cánticos y decoraciones con hermosas cintas y luces. Pero lo primero es que el tesoro no puede estar a la intemperie, en lo bonito, en lo brillante, en lo sensorial, en la comida ni en los adornos. El tesoro se cuida y se coloca en lo más importante. Por ello debemos estar concentrado en la conversión y se renueva en el sacramento de la conversión.

Ser un ente de paz, promover la fraternidad, ejercer la bondad de Dios y vivir la feliz espera como frutos de esa conversión renovada será un verdadero signo de Adviento que pretende promover el cambio a un mundo mejor. Un corazón converso, contrito, humilde y lleno de esperanza son, tal vez, como las tablas del pesebre que sostuvo al Niño Dios. Recordar que más allá del s tiempo navideño cultural y sus tradiciones estamos llamados a preparar nuestro corazón. ¿Dónde está tu tesoro? ¿Está en la conversión?

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV

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