Contexto

Llegamos a un mes que vivimos en espíritu vacacional y más ahora que sentimos algo de alivio por la suavización de la pandemia. Y la liturgia, ¿se va de vacaciones? No. El año litúrgico sigue su curso acompañándonos en el conocimiento, seguimiento y profundización del misterio de Jesús y sus enseñanzas, de hecho, hoy tenemos un mensaje que nos interpela fuertemente (Jer 23,1-6; Sal 22; Ef 2,13-18;6,30-34; Mc 6,30-34). 

 

No viene mal, por ello, pedir al Señor, como hace la oración colecta de este domingo, que acreciente en nosotros su gracia para que encendidos en fe, esperanza y caridad podamos perseverar. De hecho, aquellos que puedan coger un poco de vacaciones, tienen un buen respiro para regresar a misa (si no lo han hecho), y todos, para sacar un poco más de tiempo para oír, leer, meditar y profundizar, con tranquilidad, la Sagrada Escritura.

 

Reflexionemos 

Sin duda, la fuerza del mensaje divino de hoy va dirigida, sobre todo, hacia los pastores, particularmente a los que no han sabido cuidar el rebaño de Dios. En Jesús, que se nos presenta como buen Pastor en el pasaje evangélico, se cumple la profecía de que Dios mismo pastorearía a su pueblo.

 

Jesús es el Buen Pastor que apacienta con calma a sus ovejas, se sienta a escucharlas, alimentarlas, educarlas, sanarlas, etc.  y, en el culmen de su pastoreo, con su sangre las ha purificado, reconciliado, regenerado, traído la paz, las ha acercado al Padre y dado el Espíritu. Así, la segunda lectura complementa muy bien lo que las otras dos nos presentan, aun cuando no está escogida, necesariamente, para armonizar con ellas.

Jesús siempre es nuestro modelo, para los pastores y el resto del pueblo de Dios. Cuando el pueblo ora por las vocaciones sacerdotales pide pastores según el Corazón de Jesús. Cuando los llamados entran al seminario deben permitir forjar en ellos la imagen de Jesús Pastor, no como cada quien se la imagine, sino como nos lo presenta el mismo Evangelio y el Magisterio de la Iglesia: pastores que den su vida por las ovejas y trasmitan la Vida de Jesús al rebaño. La mención de la sangre de Jesús en la lectura de Ef es muy importante, porque la sangre hace referencia a la vida, la sangre es don, la sangre significa entrega total, etc.

 

Cuando el Papa Francisco habla del clericalismo como algo que debemos eliminar de la Iglesia, pienso que significa que no podemos creer que los pastores son mejores que el resto del pueblo de Dios. No son pastores por ser titanes, sino porque Dios los ha llamado porque ha querido, no porque se lo merezcan. También sería clericalismo si se piensa que los laicos son mejores si hacen lo que le corresponde a los pastores. Cada uno tiene su gracia, carisma y misión y todos juntos cumplimos la misión de la Iglesia que es llevar adelante la misma misión de Jesús con la fuerza del Espíritu (cf. LG 32).

 

Los pastores deben santificar, guiar y capacitar más a todos los bautizados para realizar su misión particular de santificar y evangelizar el mundo. El pastor será mejor pastor si reúne a las ovejas y las cuida para que puedan hacer “justicia y derecho en la tierra”. (cf. Jer 23,5; LG 28.37) para llevar el Evangelio a la política, la economía, la cultura, la ciencia, etc. (cf. LG 33-36.38). El sacerdote será mejor pastor guiando y apoyando a los bautizados a cumplir su misión en la Iglesia y el mundo, no sustituyéndolos. 

 

A modo de conclusión

Oremos para que cada uno haga lo que tiene que hacer según su condición y vocación en la Iglesia, y en particular para que los pastores se desvivan por el rebaño para que sean verdadero reflejo del Buen Pastor y proyecten con su vida y ministerio lo que S. Pablo decía hace cuatro domingos: “la caridad de Cristo nos urge”. Así los pastores tanto en su labor como sesteando lo harán al estilo de Jesús.

 

Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes

Para El Visitante

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