Getting your Trinity Audio player ready...

Serenidad, amabilidad y dulzura son algunas cualidades que se aprecian al conocer, por primera vez, a Sylvia Esther Robles Pérez. Tiene 66 años de edad, es natural de San Juan y, actualmente, es catequista en la Parroquia Santa Rosa de Lima de Venus Garden.

“Mi mamá era muy ferviente, muy devota. Siempre hacíamos el Rosario juntas. Gracias a eso tuve esas raíces de fe. Con la ayuda de ella, y de mis catequistas en aquel momento, empezó a crecer mi fe”, recordó Sylvia acerca de su niñez y adolescencia en entrevista con El Visitante.

Esa semilla comenzó a dar frutos. Además de participar y coordinar el grupo de las Hijas de María, Sylvia se interesó por la catequesis siendo una adolescente de 15 años. “En aquel momento resultó un llamado y una necesidad de la parroquia. Con la solicitud del párroco y las inquietudes vocacionales que tenía, me lancé a la aventura”, dijo, refiriéndose a la Parroquia Santísimo Sacramento del Residencial Manuel A. Pérez, donde creció. Allí realizó ese servicio durante diez años, enseñando nivel de Primera Comunión. Más adelante, se casó y se dedicó a la “catequesis doméstica” en la crianza de su única hija.

Sylvia se desempeñó como Trabajadora Social escolar y, a ese ambiente, incluso, atribuye su “deseo de servir y estar siempre con los niños”. Por eso, luego de un tiempo sin dar catequesis y vivir el fallecimiento de su esposo, su servicio a la Iglesia no apuntó en una dirección distinta, pues Dios también se vale de los deseos del corazón y los renueva.

Fue otra etapa de discernimiento en la que preguntaba al Señor en la oración: “¿Cómo te puedo servir? ¿Cómo quieres que te sirva? Y la respuesta fue hacia la catequesis”. “Es algo maravilloso”, expresó sonriendo. “Los niños son tan transparentes, son auténticos, son esa esponjitas que van absorbiendo todo lo que le vas enseñando, esos deseos de aprender, esos ojitos abiertos”. Y, destacó lo mucho que disfruta ver en los niños el “antes y después de su amor por Jesús y de su deseo de recibirlo en la Eucaristía”.

Sylvia asegura que, ser catequista, “no sólo es enseñar algo; es una respuesta a un llamado que Dios me está haciendo y me siento feliz de decirle cada día sí”. Asimismo, comentó que, con todos los retos de la catequesis hoy, es importante “aceptar a los niños, amarlos, y ayudarles a que esta experiencia la hagan su estilo de vida”, es decir, que apliquen lo que aprenden en todo lo que hacen. 

Finalmente, insistió en que un catequista se nutre de los Sacramentos, la vida de oración, la vida en comunidad y la formación continua.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante