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Celebramos al finalizar el primer mes del año la memoria de Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Este egregio fraile dominico italiano ha dirigido el pensamiento de la Iglesia hasta hoy. Lejos de ser un santo autor relegado a las estanterías de la literatura medieval, su talante dialogal presenta siempre esa apertura de las y los verdaderos sabios llenos del Espíritu de Dios que nos siguen llevando al puerto seguro de la “Véritas” como “alethéia”: desvelamiento. 

Como bellamente lo explicó el recientemente fenecido papa emérito Benedicto XVI en una audiencia general, santo Tomás nos regaló el haber estudiado críticamente a Aristóteles contra el viento y la marea de quienes rechazaban al filósofo griego por ser ateo y porque el conocimiento de sus escritos venían por traductores y comentaristas musulmanes. El corazón intelectual de quien en 1567 fuese declarado quinto Doctor de la Iglesia Latina por el papa san Pío V, creyó fielmente en que hay que acoger la verdad de donde venga. 

El papa Francisco ha convocado la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos con el tema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión.” Se trata de un nuevo sínodo eclesial que discernirá para nuestro tiempo el ser sinodal de la Iglesia, la “sinodalidad” como dinámica evangélica y evangelizadora. Fundamentado en Jn 3, 8 cuando Jesús nos enseña que el Espíritu Santo es como el viento, “sopla donde quiere: oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va”, el documento preparatorio del Sínodo puntualiza que se trata de un caminar juntos y en escucha mutua, precisamente para oír la voz de ese Espíritu que nos sorprende siempre. 

Y, esta dinámica eclesial es necesaria puesto que, como lo recordó el papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium 40, “Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra […] la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.” El Papa, aquí, se basaba en santo Tomás que en su Suma Teológica (I, q. 47, art. 2, ad 1; q. 47, art. 3) explicó que la Bondad Divina «no podría representarse convenientemente por una sola criatura» por lo que era menester la diversidad para completar esa captación del don de Dios. “Por razones análogas”, concluye el Papa, “necesitamos escucharnos unos a otros y complementarnos en nuestra captación parcial de la realidad y del Evangelio”.

Fr. Yamil Samalot-Rivera, OP

Para El Visitante

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