Reflexión En El Mes De La Santísima Virgen María 

María es nuestra Madre, la causa de nuestra alegría. Por ser Madre, yo jamás he tenido dificultad alguna en hablar con María y sentirme muy cercana a ella. 

Sorprende la humildad con que se inició el misterio de la Redención. Porque Dios no envió al Arcángel Gabriel a un palacio de gente ilustre y rica, si no a la joven doncella María, que vivía en una humilde casita de Nazaret. 

Por otra parte, María no hizo más que una pregunta: «¿Cómo puede ser esto?» El Ángel le dio una sencilla explicación y ella, la Llena de Gracia, no pretendió saber más. 

Suelo recomendar el rezo de la siguiente oración: 

María, Madre de Jesús y de cuantos participan de su ministerio sacerdotal, Acudimos a Ti como hijos que acuden a su Madre. Ya no somos niños, Sino adultos que de todo corazón desean ser hijos de Dios. Nuestra condición humana es débil; por eso venimos a suplicar tu ayuda maternal para conseguir sobreponernos a nuestras debilidades. 

Ruega por nosotros, Para que, a nuestra vez, podamos ser personas de oración. Invocamos tu protección para poder permanecer libres de todo pecado. 

Invocamos tu amor para que el amor pueda reinar, y nosotros podamos ser compasivos y capaces de perdonar. Invocamos tu bendición para que podamos ser como la imagen de tu Hijo, Señor y Salvador nuestro, Jesucristo. Amen

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