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En Amoris Laetitia el Papa Francisco se plantea una salida airosa para la realidad dolorosa de casados anteriormente, con un matrimonio supuestamente sacramento, y su realidad de haber entrado en un nuevo matrimonio.  Es una situación espinosa en que debemos conjugar la verdad del mandato de Cristo (indisolubilidad del matrimonio totalmente válido en su comienzo) y el hecho de tantos que han contraído nuevas nupcias quedando como irregulares ante los ojos de nuestra comunidad.   La instrucción del Papa busca una salida entre la lealtad a la mente de Jesús (la verdad) y la realidad humana de personas de buena voluntad (el camino de la misericordia).  En la enseñanza papal hay un camino de salida, teniendo en cuenta muchas variables, y un discernimiento fiel a lo que el Espíritu pide a su Iglesia.

Creemos que debemos ser fieles a nuestros principios, aun cuando consideremos que quizás no hemos captado todos sus detalles.  Pero el sensus fidelium (ese influjo del Espíritu en las creyentes de buena voluntad) también nos apremia y abre a nuevos detalles.  Ante la vida real de los que aceptaron la misión matrimonial nos cuestionan algunos hechos.  

Primero, considerando que el celibato es un carisma, ¿cómo podemos apremiar a un divorciado, vuelto a casar, a vivir un carisma que no tuvo inicialmente; pues su llamada fue, y sigue siendo, a construir un hogar? Sin duda que la gracia puede superar las dificultades humanas de la soledad, pero ¿y si la debilidad humana se encuentra en un momento de imposibilidad práctica?

Segundo, al valorar debidamente el compromiso matrimonial, tenemos que reconocer que son más de lo que desearíamos pensar los que anularon su compromiso matrimonial, pero que no es fácil comprobar esa anulación por los medios canónicos actuales.  Personas que, conociendo el proceso, consideran en conciencia que los datos se dieron en su caso, pero no les posible perseguir la prueba.  Aunque comenzar el proceso es posible, no es tan fácil entrar en todo lo que conlleva. ¿No será la ocasión de pensar en otros medios para llegar a una misma verdad?  

Tercero, en la práctica pastoral reconocemos que hay parejas divorciadas y vueltas a casar que, en un segundo matrimonio, es donde maduran lo que es esa vocación, e incluso entonces es cuando les nace el deseo de practicar más profundamente su fe o se abren más a la trascendencia.  Pero se encuentran entonces con la exclusión de los sacramentos.  ¿No habrá manera misericordiosa de atender esa situación? 

El Papa da ocasión a un discernimiento en segundas parejas, con estas condiciones: varios años en esta segunda opción, con hijos en esta segunda camada, inocentes muchas veces de la rotura del matrimonio anterior, imposibilidad práctica de vivir como hermano y hermana,  con daño adicional en los nuevos hijos por otra separación, más  crecimiento en la práctica de su fe, con discernimiento de su situación avalado por la presencia de un acompañante espiritual, en una decisión de conciencia en el foro interno de cómo ellos se ven ante Dios…  Como ven, son muchas las condiciones, pero que pueden llegar a un juicio de conciencia, que les abra las puertas a la práctica de los sacramentos, y no solo a la participación en otras actividades eclesiales a las que ya accedían. 

Con la apertura del Papa, llama la atención a la doctrina siempre antigua de la primacía de la conciencia, bien informada, para tomar decisiones ante Dios.  Una doctrina bien antigua, y que va en la línea del canon que enseña:  “de lo interno no juzga la Iglesia”.

P. Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante

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