Sagrada Familia: Una familia emigrante

El movimiento de personas hacia otras naciones y pueblos ha sido una constante a través de los tiempos. La migración no es una situación del mundo moderno, sino que a través de las épocas, las personas, en busca de mejores oportunidades o evitando riesgos a su vida, se han movido lejos de su hogar y de sus conocidos, hacia nuevas tierras. Esa decisión, sin duda, no es nada fácil, pero la motiva el deseo de progreso, seguridad y bienestar.

Muchos de los movimientos migratorios responden a necesidades personales, pero otras veces ocurren por razones económicas (pobreza y falta de oportunidades). Las personas pueden emigrar a consecuencia de un ambiente social o político que impide la permanencia de una persona en un país, por inestabilidad política, guerras, violencia civil o la persecución de determinadas poblaciones, ya sea por motivos étnicos, sociales o religiosos. Las corrientes migratorias también pueden surgir de desastres naturales y ser temporales o permanentes.

Las poblaciones de emigrantes pueden verse afectados psicológicamente, por la tensión que ocasiona un nuevo ambiente con concepciones sociales diferentes. En el caso de la emigración hacia otros países se afecta tanto al país originario de los emigrantes como aquél en el cual se insertan las personas al emigrar. En el país de origen, la emigración a gran escala ocasiona el envejecimiento de la población, disminuyendo la capacidad productiva y a una misma vez reduciendo la desocupación, ya que lo más común es que los emigrantes pertenezcan a poblaciones de menor edad. En el fenómeno de la emigración, lo que se convierte en un problema para el país de origen, representa una oportunidad para el país que recibe a los emigrantes. Los inmigrantes suelen ocupar puestos de trabajo que los locales no desean, lo que promueve los flujos económicos. Por otro lado, los inmigrantes traen consigo patrones culturales diferentes y los locales pueden resistir o rechazar nuevas costumbres. La intolerancia hacia los inmigrantes puede desatar también conflictos internos y violencia civil.

La Doctrina Social de la Iglesia reconoce a la emigración como un fenómeno que nos llama a la solidaridad internacional. Benedicto XVI, el 14 de enero de 2007, al dirigirse en el rezo del Ángelus, a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, afirmó: “En el drama de la Familia de Nazaret podemos entrever la dolorosa condición de tantos emigrantes, especialmente de los refugiados, de los exiliados, de los desplazados, de los perseguidos.

Reconocemos, en particular, las dificultades de la familia emigrante como tal: las difíciles condiciones de vida, las humillaciones, las incomodidades, la fragilidad”. Ante esa situación se invita a poner la prioridad en las personas y en las familias. Nos dice Benedicto XVI: “La justa integración de las familias en los sistemas sociales, económicos y políticos de los países de acogida solo se alcanza, por un lado, respetando la dignidad de todos los inmigrantes, y por otro lado, con el reconocimiento por parte de los mismos inmigrantes de los valores de la sociedad que les acoge”.

La Doctrina Social de la Iglesia nos exhorta a ver las migraciones, no como un problema, sino como un gran recurso para el camino de la humanidad. Es necesario tutelar a los emigrantes y a sus familias a través de leyes protectoras de sus derechos, así como a través de una red de servicios, centros de escucha y de estructuras de asistencia social y pastoral. La invitación que nos hace la Iglesia, por medio del Papa Francisco, es a acoger, proteger, promover e integrar al inmigrante, porque “cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia. A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia”.■

(Puede enviar sus comentarios a nuestro correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com)

Nélida Hernández
Consejo de Acción Social Arquidiocesano
Para El Visitante

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