Ha llegado la Navidad con el Niño Dios y los Reyes Magos. En la sala huele a pasteles, suena una parranda y la abuela ayuda a Sofía de 8 años a preparar la cajita con pasto para los camellos y un vaso de agua. —Ponle un poquito más, nena —dice la abuela—, que vienen desde bien lejos. Sofía pregunta en voz baja: —Abuela, ¿tú crees que los Reyes se acuerden de mí? —Mientras haya niños que crean —responde la abuela— y grandes que los cuiden, los Reyes nunca se olvidan. Sofía se acuesta. La casa está en silencio… menos la luz de la pantalla. Con el celular que le prestaron «por Navidad», entra a su juego en línea favorito. Un usuario nuevo le escribe: «Hola, boricua. Soy Rey_Gaspar13. Si jugamos juntos te doy más puntos… pero mándame una foto tuya para saber que eres real». Sofía duda. Quiere agradar, no quedar mal. Abre la cámara. En ese momento entra su papá para darle un beso de buenas noches. Ve el mensaje, lee el nombre del perfil, frunce el ceño. —Mi amor, ¿quién es esteRey_Gaspar13? Esa noche, antes de que los Reyes lleguen, sus padres se sientan en la cama, escuchan, le explican qué es el «grooming», la apoyan, bloquean al contacto y, juntos, ponen la cajita de pasto frente al pesebre. —Hoy vamos a pedirle a Jesús —dice la mamá— que nos ayude a estar más atentos a ti. Que ningún «rey» falso te robe la alegría.
Niño Dios en un mundo de pantallas
La Navidad en Puerto Rico es de las más largas del mundo, desde el Adviento a las Fiestas de la Calle San Sebastián. En pueblos como Juana Díaz, los Reyes Magos desfilan desde 1884 entre música, fe y alegría. En medio de tanta fiesta, la fe celebra algo muy concreto: Dios se hizo Niño. No avatar, no personaje de videojuego, sino un bebé vulnerable. San Agustín lo dijo con una claridad que aún conmueve: «Considera, hombre, lo que Dios se hizo por ti; reconoce la doctrina de tan grande humildad aun en un niño que no habla» (Sermón 188). Dios, que no necesita nada, eligió necesitar. Dependió de los brazos de María y José, de su vigilancia frente a Herodes, de su valentía para huir. El pesebre no es un adorno tierno; es la proclamación de que cuidar a los pequeños forma parte del misterio de la salvación. Desde entonces, cada niño se parece un poco al Niño de Belén; frágil, dependiente, necesitado de miradas, brazos y decisiones que lo protejan.
Parrandas afuera, peligro adentro
Mientras se cantan aguinaldos, la realidad no se detiene ante los Herodes modernos. En Puerto Rico, en promedio, unos 10 de cada 1,000 menores son víctimas de maltrato cada año. Detrás de ese número hay pequeños que quizá ponen su cajita de pasto, pero crecen con gritos y abusos. Cada vez más, parte del daño entra por donde menos se nota: un chat de juego, una red social, un mensaje directo que empieza con halagos y termina pidiendo fotos íntimas. Los especialistas como John Bowlby y Daniel Siegel describen, con lenguaje técnico, lo que el pesebre muestra en silencio: Un niño con buen equilibrio emocional suele crecer en un entorno donde se siente querido, escuchado y protegido; allí aprende que sus emociones cuentan, que puede pedir ayuda y que no está solo. Cuando recibe respuestas amorosas y previsibles, desarrolla apego seguro; aprende que puede confiar, que su voz importa, que pedir ayuda tiene sentido. Si crece rodeado de cosas pero no de miradas, el mensaje interior cambia: «estoy solo. Lo que me pasa no importa. Mejor me callo». Esa sensación de soledad es exactamente lo que buscan muchos abusadores, también en línea. El pesebre, en cambio, muestra a un Niño rodeado de protección. Es la imagen de lo que toda familia está llamada a ser, también cuando la amenaza entra por el wifi.
Australia, Europa… y Puerto Rico
En Puerto Rico se afinan los aguinaldos, pero también necesitamos afinar las leyes y la cultura del cuidado. Los casos de abuso y el impacto de redes y juegos en la salud mental de los menores —«scrolli» infinito, depresión, ansiedad, algoritmos persuasivos, imágenes engañosas, acoso, deterioro cognitivo «brain rot»— han puesto a muchos países en alerta. En lugares como Australia y la Unión Europea se ha legislado para restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales y exigir sistemas reales de verificación de edad y protección frente a contenidos y funciones de alto riesgo. Puerto Rico no parte de cero. Existe ya un andamiaje legal importante sobre prevención del maltrato, acoso sexual y violencia verbal «grooming» – «bullying», incluida una ley reciente (82-2025) que amplía la definición de acoso cibernético para abarcar la suplantación de identidad y la creación de contenidos falsos para dañar a otra persona «deepfake». Pero, además de las leyes, hace falta una cultura educativa coherente de protección digital de menores.
Los Reyes Magos en tiempos de wifi
Los Reyes de Oriente recorrieron largas distancias guiados por una estrella para encontrar a un solo Niño. No buscaron palacios, sino un pesebre. Trajeron oro, incienso y mirra, que podemos traducir como atención, presencia y defensa. En Puerto Rico, donde el Día de Reyes sigue siendo uno de los momentos más queridos del año, esos Magos pueden ser un espejo: buscan al Niño vulnerable, se ponen en camino, cambian de ruta cuando descubren el peligro de Herodes. Hoy, «hacer de Rey Mago» puede significar fijarse en el niño aislado; acercarse al adolescente pegado al teléfono y preguntarle de verdad cómo está; cambiar de ruta cuando un juego, una app o una red se convierten en puerta de entrada para desconocidos, aunque suponga poner límites impopulares. No se puede proteger a distancia. Los Reyes se acercan. Miran a los niños a los ojos. Esa es la clave también en la era del wifi.
El regalo que Jesús espera de Puerto Rico
Sofía, al despertar, encontrará regalos y la cajita movida de lugar. Pero el regalo más importante ya lo recibió: atención, presencia y defensa de sus padres. Ese es el tipo de regalo que el Niño de Belén sigue esperando de las familias boricuas. Cada vez que un padre permanece despierto junto a un hijo enfermo, está haciendo lo que José hizo en Egipto. Cada vez que una madre nota un cambio en la mirada de su hija y pregunta «¿qué te sucede?», está haciendo lo que María hizo: estar atenta. Cada vez que un adulto se da cuenta de que un niño está siendo aislado o manipulado y decide intervenir, está protegiendo al Niño del pesebre que sigue naciendo en cada infancia vulnerable. Ahí la Navidad deja de ser sólo fecha y se vuelve camino en el que todo el tiempo de fiesta se convierte en una escuela de atención, de vigilancia amorosa, de defensa de los más pequeños. Dios eligió hacerse Niño y depender de una familia concreta. En esa elección nos confió una misión sencilla y seria; que ningún niño se quede solo; que ningún sufrimiento infantil pase desapercibido; que entre parrandas, cajitas de pasto y pantallas, siempre haya al menos un adulto dispuesto a hacer de María, de José… y, si hace falta, de Rey Mago. Ese es el regalo que Jesús sigue esperando en todo el tiempo de Navidad. Y es el único que no se apaga cuando se guardan las luces ni cuando pasan las fiestas.



