La Conferencia Episcopal Puertorriqueña, en el ejercicio de su potestad pastoral (c. 387) y en virtud de la solidaridad que une a las Iglesias particulares, ante los acontecimientos de inestabilidad política ocurridos en la República Bolivariana de Venezuela el 3 de enero de 2026, emite el siguiente pronunciamiento oficial:
– Manifestamos nuestra profunda comunión de fe y esperanza con el pueblo y la Iglesia de Venezuela.
– Recordamos que desde 1662 hasta 1790, los territorios del oriente de Venezuela fueron pastoreados por el Obispo de San Juan de Puerto Rico. Incluso, algunos obispos de Puerto Rico murieron en Venezuela durante sus visitas pastorales. Por ello, a estas Iglesias hermanas nos unen profundos lazos de fe, servicio y amor eclesial.
– Imploramos la paz y la pronta recuperación de la armonía social y política en este querido pueblo hermano.
– Reafirmamos que la valoración de los derechos humanos debe prevalecer por encima de las armas y de los intereses extranjeros.
En un mundo globalizado, es urgente generar un ambiente de diálogo, respeto y confianza entre los pueblos. Por ello, llamamos a las instancias internacionales a que sus acciones se fundamenten en:
– El respeto a la autodeterminación y la transparencia que deben facilitar en Venezuela como país soberano, en paz y justicia, para que gestione su propio futuro inmediato.
– La primacía de los derechos humanos (OEA/ONU), recordando que toda intervención o mediación debe ajustarse a los principios de la Carta de la Organización de los Estados Americanos y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, garantizando la integridad social, cultural y política del pueblo venezolano.
– El diálogo orientado al bien común, conforme a la doctrina que el papa Francisco propuso en Fratelli Tutti 262: “la mediación solo es válida si está sinceramente orientada hacia el bien común y no hacia la protección de intereses encubiertos o particulares”.
– El desarme y la integridad, instando a los organismos internacionales a priorizar la solución pacífica de controversias sobre cualquier escalada bélica, y a promover una “paz desarmada y desarmante”, tal como proclama el Santo Padre León XIV, para asegurar que el amor y el diálogo superen el uso de la fuerza.
Seguiremos atentos al desarrollo de los acontecimientos, manteniendo el espíritu solidario y la comunión de fe con nuestro pueblo hermano. Rogamos insistentemente a Dios que conceda a los actores involucrados la serenidad, sabiduría y fortaleza necesarias para este momento de incertidumbre.
Finalmente, a la comunidad venezolana que habita en Puerto Rico, conscientes de que se encuentran ante una encrucijada compleja e histórica, los animamos a construir puentes de reconciliación con sus compatriotas en su país de origen, caminando con auténticos esfuerzos de generosidad y en espíritu fraterno, para que los una la caridad y la paz.
En la Fiesta de los Reyes en Puerto Rico, pedimos que se encienda la esperanza de una vida nueva para Venezuela y para todos los pueblos del mundo.
Dado en la Sede de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, a 6 de enero de 2026.



