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En el año 2015, el Papa Francisco, regaló al mundo una visión y una misión. En su encíclica Laudato Si’ (LS), sobre el cuidado de la casa común, nos presenta al planeta Tierra como la casa en la que viven todos los seres humanos. La sobrevivencia de este lugar, que nos ha sido dado por Dios, exige que se defienda a la naturaleza, y que se implanten reformas energéticas y cambios en los estilos de vida. Este llamado se reafirma al declarar el año de Laudato Si’ (2020), y al lanzar, en 2021, una Plataforma de Acción denominada bajo el mismo nombre de la encíclica. Esta plataforma pretende implicar a todo el mundo católico en un proceso de conversión ecológica, con metas y objetivos definidos. 

La Plataforma Laudato Si’, plantea que, en siete años, el mundo se haya acercado a desarrollar una ecología integral. En palabras del Papa Francisco, se trata de: “responder al grito de la Tierra, responder al grito de los pobres, la economía ecológica, adoptar un estilo de vida sencillo, la educación ecológica, la espiritualidad ecológica y el compromiso comunitario”. “Hay esperanza – dice el Santo Padre – todos podemos colaborar, cada uno con su propia cultura y experiencia, cada uno con sus propias iniciativas y capacidades”. El Arzobispo de San Juan, se ha unido a ese llamado y en su Carta Pastoral del 15 de julio de 2022, reflexionando sobre la realidad puertorriqueña, invita a todos los consejos parroquiales, escuelas católicas, movimientos y órdenes religiosas a preparar un plan de acción ecológico, con objetivos y metas específicas. También sugiere que se eduque a los feligreses en actividades de conservación ambiental que pueden realizarse en los hogares, promoviendo el buen uso de la energía y del agua y de actividades de auto sostenimiento alimentario. 

La defensa y protección de la naturaleza no es un llamado frívolo, separado de nuestra responsabilidad como cristianos. En varias ocasiones el Papa Francisco ha puntualizado que existe una relación entre la protección de la naturaleza y un orden social justo. La crisis social y la crisis ambiental, no se encuentran desvinculadas, son parte de un mismo problema: “los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores”, (LS, 217).

Como parte del esfuerzo hacia una ecología integral, una iniciativa que debe tomarse es la reforestación. La reforestación es el proceso de plantar árboles y arbustos en un terreno que anteriormente había sido degradado, ya sea por agricultura intensiva, procesos industriales, procesos de urbanización o incendios. La reforestación logra varios objetivos importantes: estabilización del suelo y prevención de la erosión, conservación de la biodiversidad y mitigación del cambio climático. Reforestar es una acción imprescindible para la supervivencia de la humanidad, porque necesitamos el oxígeno que generan los bosques para vivir. Al plantar nuevos árboles y restaurar áreas boscosas, se puede ayudar a reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera, regular el clima y conservar la biodiversidad. La reforestación es una herramienta crucial para restaurar los ecosistemas naturales, mejorar la calidad del aire, del agua y del suelo, regular el clima y proporcionar beneficios económicos y sociales para las comunidades locales. 

Puerto Rico se encuentra altamente poblado y los procesos de urbanizar han contribuido a la deforestación. Los procesos industriales han ocupado el campo de la agricultura, como actividad económica, convirtiendo suelos agrícolas en áreas urbanas. Durante la primera parte del siglo XX, la Isla perdió casi toda su capa forestal a causa de actividad agrícola desmedida. Desde entonces, y gracias en parte a esfuerzos de reforestación desarrollados a finales de la década de 1980, Puerto Rico recobró más de la mitad de su capa forestal. Sin embargo, los huracanes Irma y María en 2017, tumbaron cientos de miles de árboles, arrasaron con la vegetación de los árboles que sobrevivieron y destruyeron los densos bosques de la isla. 

Los beneficios de la reforestación no son inmediatos, pueden tardarse entre diez y quince años. Es por eso que, a la par de un plan de reforestación urbana, es necesario preservar los árboles existentes. Las iniciativas, no pueden ser dejadas solo a los gobiernos, el cuidado de nuestra casa debe ser una preocupación y un compromiso de cada uno de nosotros.  

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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