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Sagrada Escritura, tradición y misterio se mezclan cuando se habla de estos misteriosos personajes que siguieron una estrella para encontrar y adorar al Niño Dios. Se trata de la Epifanía del Señor -6 de enero- y de la tan conocida tradición centenaria de los Reyes Magos. Pero, ¿quiénes son? ¿De dónde provienen? ¿Por qué sus regalos? ¿Son reyes? ¿Son magos? Del mismo modo, todos los años en la víspera de la Epifanía los niños recogen un ramito o caja de zapatos llena de yerba para los camellos hambrientos de los reyes que en algún momento de la noche sigilosamente llegarán para traer algún detalle o regalo. Ya en la mañana algunas caravanas de reyes sorprenden a los niños con dulces.

El Evangelio no especifica cuántos son, no menciona nombres ni procedencia exacta. De hecho, se limitan a unas líneas en el Evangelio de Mateo, el único que habla sobre unos “magos”. El Evangelio (Mt 2, 11) aclara la intención de ellos: “Vieron al niño con María, su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra”. Estos sabios, estudiosos de los astros, fueron guiados por una estrella para encontrar, adorar y presentar un tributo al Niño Dios. 

Sus regalos representan: Oro por la realeza; incienso por la divinidad; y mirra por la Pasión y muerte que sufriría para salvar a la humanidad. Melchor, Gaspar y Baltazar son nombrados por la tradición. Aparecen en un Evangelio Apócrifo, texto de los primeros siglos de la era cristiana que no fue incluido o aceptado en el canon de la Biblia y que pudiera considerarse como referencias históricas.

Una referencia clave para llamarlos “reyes” es el Salmo (72, 10-11). “[…] los reyes de Tarsis y las islas traerán consigo tributo. Los reyes de Sabá y Seba todos pagarán impuestos; ante él se postrarán los reyes”. Isaías (49, 23) y Números (24, 17) son otras referencias que mencionan “reyes”. 

Vienen del “oriente” como signo de la salvación que se ofrecerá a los paganos. El oriente de Tierra Santa sería Babilonia, Persia y el Sur de Arabia. Aunque varias interpretaciones indican que los magos pudieran provenir simbólicamente de Europa, África y Asia respectivamente, tres continentes conocidos con religiones diversas en ese entonces. 

Incluso el Papa Francisco, en varias ocasiones ha explicado que fueron “hombres sabios, estudiosos de los astros, escrutadores del cielo, en un contexto cultural y de creencias que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vicisitudes humanas”.

Basílica de Belén

La Basílica de la Natividad en Belén alberga el lugar exacto del nacimiento de Jesús, lugar señalado con una estrella de plata con catorce puntas. En el mismo recinto sagrado, a pasos se encuentra el lugar dedicado a la adoración de los Magos de Oriente. Según una tradición local, se cuenta que cuando llegaron los ejércitos persas en el siglo VII, que destruyeron gran parte de las construcciones bizantinas, entraron a la Basílica y quedaron impresionados al ver un mosaico enorme de los tres magos con rostros y vestimentas persas. El general a cargo pidió no tocar absolutamente nada por ser un lugar sagrado.

Hay que destacar que, durante el dominio de distintos califatos y el imperio otomano en la región, la Basílica fue respetada por ser sagrada y marcar el nacimiento de Jesús, que también es considerado un mensajero de Dios para los musulmanes.

La inspiración y tradición sobresale en suelo boricua en torno a los llamados Santos Reyes Magos. Pero más allá del color, la alegría y la sorpresa, lo significativo es repetir la adoración de los sabios al Niño Dios que ratifica los oráculos mesiánicos descritos en el Viejo Testamento y que expresan el homenaje de las naciones al Dios de Israel. Al final, todo se reduce a ese encuentro esperado con el Niño Dios en un pesebre… Encontrar a Jesús es el mayor tesoro…

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