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Los huracanes se forman por la acumulación de tormentas eléctricas que se desplazan sobre aguas oceánicas cálidas. Cuando el aire cálido de la tormenta y de la superficie del océano se combinan, empiezan a elevarse en forma de remolinos y se genera baja presión en la superficie del océano. A medida que la tormenta se va desplazando sobre el océano, va absorbiendo más aire húmedo y cálido. La velocidad del viento aumenta a medida que el aire va siendo absorbido por el centro de baja presión, fortaleciéndose los vientos. Pueden pasar horas o varios días hasta que la depresión se convierte en huracán.

Durante los últimos años, los cambios climáticos, que han resultado de los daños ambientales que ha provocado el ser humano, han contribuido a que la temperatura de los mares haya aumentado. El calentamiento de las aguas incide en el fortalecimiento de los huracanes. El Centro Nacional de Huracanes (NOAA) informa que 33 de los peores huracanes de categoría 5, se han registrado desde 1924 hasta la fecha y 11 de ellos se han producido en los últimos 14 años. Estas cifras apuntan a un fortalecimiento de los huracanes y a una mayor frecuencia de su formación.

Nuestra geografía nos hace vulnerable a los huracanes que tienden a formarse en el Atlántico en los meses de junio a noviembre. Algunas de las medidas que se nos sugieren para atenuar los daños que pueden provocar estos fenómenos naturales son: mantener suministros de alimentos no perecederos y agua, proteger nuestras ventanas y puertas, desalojar propiedades si se nos requiere y trasladarnos a lugares seguros, preparar una mochila de emergencia y un plan de emergencia familiar, mantenernos informados de la trayectoria del huracán y seguir las instrucciones que puedan brindar los Centros de Manejo de Emergencia. Todas estas medidas son necesarias y son parte de la responsabilidad que tenemos de cuidarnos a nosotros mismos y a los demás. 

Desde el punto de vista de nuestra fe, estos eventos plantean la necesidad de una mayor solidaridad y justicia con las personas que se vean afectadas. En un tweet emitido por el Papa Francisco el Día de la Ayuda Humanitaria, señala: “La emergencia climática genera cada vez más crisis humanitarias y los pobres son los más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos. Es urgente una solidaridad basada en la justicia, la paz y la unidad de la familia humana”. El llamado del Papa es a cuidar, sobre todo, a las poblaciones vulnerables de cara a los desastres naturales. Implica además que, en las etapas de recuperación, debe existir justicia en la distribución de ayudas. El Gobierno, en su función subsidiaria, debe garantizar que las necesidades básicas de todas las personas sean cubiertas, con eficiencia y equidad.

Hay unas indicaciones prácticas que pueden ayudarnos a afrontar los huracanes en una forma solidaria. Las podemos traducir en actividades que podemos realizar antes, durante y después de la emergencia. Antes del huracán, fortalécete espiritualmente. Tu preparación no solo debe ser material, sino también espiritual. Reconoce que tu confianza está en Dios, fuente de toda bondad y misericordia.   Colabora con aquellos vecinos, que ya sea por edad o enfermedad no pueden hacerse cargo de los preparativos de emergencia, sé solidario con ellos. Si deseas ser más proactivo, reúnete con los miembros de tu comunidad y juntos ejecuten los planes de preparación, limpieza de áreas, remoción de materiales que puedan convertirse en proyectiles, y otras actividades similares.

Durante el huracán, deja que tu fe te brinde paz y tranquilidad. Aún en medio de la tormenta, puede encontrarse una calma. Proyecta tu fe e infunde ánimo a los demás. Al enfrentarte a las situaciones de carencias que pueden ocurrir, reconoce tu responsabilidad comunitaria y mantente solidario con tus vecinos y familiares.  

Los esfuerzos de recuperación tras un huracán pueden extenderse por períodos prolongados y pueden presentar muchos retos a las familias, si afrontas esos retos en comunidad se hará más fácil la recuperación y podrás convertir la experiencia en una forma de encontrarte con otros vecinos y crecer en la caridad. Debes recordar que en una emergencia los primeros llamados a responder son las personas, empresas y organizaciones de la comunidad. No esperes por recibir ayuda, bríndala tú desinteresadamente.

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com)

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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