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No se trata de si viene o no viene el temporal; se trata de qué he hecho yo para responder en el caso de que venga. Se trata de que la preparación debe ser parte de nuestra cotidianidad para garantizar la salud y seguridad del hogar. La lección del 2017 no puede ser olvidada ni ignorada. A las puertas del mes pico de la temporada de huracanes 2023, al igual que todos los años, hay que ejercitar la prudencia y lograr que nuestros preparativos (desde junio) sean una coreografía calendarizada. Puerto Rico se encuentra en una zona propensa a tormentas y huracanes. Y para los olvidadizos, también estamos en una zona sísmica. ¡Esto no puede ser una sorpresa de último momento para nadie en el archipiélago! Salta la pregunta más allá de cualquier pronóstico o advertencia de los meteorólogos: ¿Estás preparado o despistado?

Alimentos, artículos de primera necesidad, los preparativos del hogar, revisar el generador eléctrico, agua potable, gas, radio portátil y gasolina encabezan la lista a revisar. La prioridad es cuidar la vida. Sobre el agua, se debe considerar un galón diario por persona, además de reservar otra porción adicional para la higiene. Dejar que el Estado resuelva las necesidades no es responsable y muchísimo menos una garantía. 

Aquí entra un tema que nos atañe. Luego de mantener la preparación en un nivel óptimo, hay que salir a la calle, donde el prójimo que es mi próximo. Ver cómo está, qué necesita y si está preparado. La lectio del 2027 nos mostró que aunque levantemos murallas, el temporal las puede estropear y la fraternidad superan cualquier barrera o tormenta. Por eso, ejercitar algunas obras de caridad de manera preventiva vendría muy bien. Lanzar ese: ¡Vecino! ¿Cómo está? ¿Le hace falta algo? ¿Prepárese que aunque pronostiquen hay que estar listos?

Además, la Iglesia que peregrina en suelo boricua se ha propuesto dos prioridades en estos tiempos: sinodalidad (con el Sínodo) y misionariedad (con el CAM6 Puerto Rico 2024). Claro que ambos elementos se adaptan a los preparativos de la temporada de huracanes y ese visiteo de amor a los familiares, vecinos y los que están más allá de mi frontera personal. La sinodalidad se trata de caminar juntos, de ver quién está al lado, de escucharlo, de acompañarlo, de sostenerlo, tener en cuenta sus aportaciones y necesidades… La misionariedad se trata de ir, levantarse y salir al encuentro del otro más allá de mi frontera y llevar tiempo, talento o lo que humildemente pueda ofrecer. Son claves de la evangelización de este tiempo. Un nuevo estilo con una misma fe: llevar la Buena Nueva sin discursos elevados, simplemente con actos concretos de fe, esperanza y caridad.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter: @Enrique_LopezEV

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